Ara mateix


Cridem qui som i que tothom ho escolti.
I en acabat, que cadascú es vesteixi
com bonament li plagui, i via fora!,
que tot està per fer i tot és possible.


Miquel Martí i Pol

sábado, 3 de agosto de 2013

Joaquín Sabina: citas


 
 
"Soy cantante porque no tuve valor para ser torero"
Joaquín Sabina
 
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Despedida - Federico García Lorca

Huerta de San Vicente,  (Granada) - foto C.Icaria

Despedida


Si muero
Dejad el balcón abierto

El niño come naranjas
(Desde mi balcón lo veo)

El segador siega el trigo
(Desde mi balcón lo siento)

Si muero

Dejad el balcón abierto     

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viernes, 2 de agosto de 2013

Sergio Leone y el spaghetti western.



Sergio Leone (Roma, 1929 –1989) fue un guionista, productor y director de cine italiano. Es sobre todo conocido por sus spaghetti western.

Hijo del director de cine Vincenzo Leone, que a veces filmaba con el seudónimo de Roberto Roberti.

Sergio Leone, entra en la industria del cine,  con 20 años es actor y asistente de dirección de Ladri di biciclette (1948) de Vittorio de Sica. Después estaría en grandes producciones estadounidenses rodadas en Europa. Entre ellas Quo Vadis? (1951) de Mervyn Le Roy, Helena de Troya (1955) de Robert Wise, Ben-Hur (1959) de WilliamWyler o Historia de una monja (1959) de Fred Zinnemann.

En 1959 sustituyo, por enfermedad, al director Mario Bonnard durante el rodaje de Los últimos días de Pompeya, aunque no pudo firmar la película.


Su primera película oficial fue (1960) y dos años más tarde sustituiría de nuevo a un director, RobertAldrich, en Sodoma y Gomorra. Aldrich fue una influencia clave para Leone, con películas como Veracruz (1954), donde el perfil clásico del western se desdibuja con personajes más ambiguos y carentes de valores.




A partir de aquí comienzan sus obras más personales, que se inicia con la famosa trilogía western, también conocida como Trilogía del dólar, en coproducción con varios países europeos y rodada en Tabernas, Almería así como en las proximidades de Carazo en la Sierra de la Demanda, Burgos. La trilogía obtuvo un  gran éxito, conduciendo al western a un nuevo auge cinematográfico, el llamado spaguetti western, género muy cultivado en el cine de los 70, además de aportar dos nuevos talentos al medio, el compositor Morricone, amigo desde la infancia del director, y el actor Clint Eastwood, desconocido hasta entonces, al que el director contrata entre un grupo de actores. El personaje




creado para Eastwood es el prototipo de antihéroe del spaguetti western. Hombre duro y solitario, sin escrúpulos ni sentimientos y movido por el dinero. De esta manera Leone crea un icono del cine, personalidad ruda, pocas palabras, mirada de hielo.. Siempre vestido con un poncho raído y un cigarro en los labios.. Es un personaje que se convertirá en esteroetipo en múltiples films y que influirá de forma decisiva a directores, actores e incluso a los dibujantes de cómic actuales.





 
Tras esta trilogía no deja la temática del western y filma una de sus obras maestras, Hasta que llegó su hora, un western crepuscular rodado en Cinecittà, Almería y en los mismos escenarios estadounidenses en los que rodó la mayor parte de sus películas su admirado John Ford.

Tras un período más dilatado, vuelve al cine, con ¡Agáchate, maldito!, que tiene menos éxito que sus películas precedentes y basada en la revolución mexicana. Esta película la dirige a última hora al sustituir al director elegido. Por último, rodó la que muchos consideran su obra maestra, Érase una vez en América, un "western moderno" basada en la época de los gángsters. En Europa tuvo gran éxito a pesar de las cuatro horas de duración, pero en EE. UU. se ofrece una versión recortada a casi dos horas, además de alterar su montaje (la historia fue contada linealmente y no como en la original en que se utilizan flashback). Sergio Leone entró en juicios con la Warner Bros. por  estos cambios en el montaje. La productora recortó en más de una hora el film y contrató para esta labor a Zach Staenberg encargado de montaje de Loca academia de policía.

 

Sergio Leone falleció en 1989, cuando estaba preparando la película Leningrado, debido a los problemas de corazón que sufría desde sus litigios con la Warner Bros

 



Filmografía


Como director


Como productor


Premios


1972. David de Donatello  Mejor director ¡Agáchate, maldito!

1984.  Globos de Oro Nominado Mejor director Érase una vez en América
 
1984.  BAFTA Nominado Mejor director Érase una vez en América
 




Fuentes





 
 

jueves, 1 de agosto de 2013

SER VELL - Joan Margarit











 

SER VELL
Entre les ombres d’aquells galls i gossos
dels patis i corrals de Sanaüja,
hi ha un clot de temps perdut i pluja bruta
que veu anar els infants contra la mort.
Ser vell és una mena de postguerra.
Asseguts a la taula de la cuina
en vespres de braser triant llenties
veig els qui m’estimaven.
Tan pobres que al final d’aquella guerra
es van haver de vendre el miserable
tros de vinya i el gèlid casalot.
Ser vell és que la guerra s’ha acabat.
Saber on són els refugis, ara inútils.
Joan Margarit
 
 

SER VIEJO
Entre sombras de gallos y de perros
por patios y corrales de aquella Sanaüja,
hay un hoyo de tiempo perdido y lluvia sucia
que ve a los niños ir contra la muerte.
Ser viejo es una especie de posguerra.
Sentados a la mesa en la cocina
en los anocheceres de brasero,
limpiando las lentejas,
veo a los que me amaron.
Tan pobres que al final de aquella guerra
tuvieron que vender el miserable
viñedo y aquel frío caserón.
Ser viejo es que la guerra ha terminado.
Es saber
dónde están los refugios, ahora inútiles.
Joan Margarit
 
 

BEING OLD
Among the shadows of those cocks and dogs
of the courtyards and farmyards of Sanaüja,
there is a pit of lost time and dirty rain
that sees children march against death.
Being old is a kind of post-war time.
Seated around the kitchen table
on evenings beside the brazier sifting lentils
I see those who loved me.
So poor that at the end of that war
they had to sell the wretched
scrap of vineyard and the icy farmhouse.
Being old is that the war is over.
Knowing where the refuges are, now useless.
Joan Margarit
(English translation by Anna Crowe)
 




"Manolete": la crónica de una muerte anunciada




“Mi postura en el toreo a de ser fuerte y heroica. Tengo que dominar con arte los nervios que me hacen dar malos ratos antes de cada corrida. Lo que pretendo es que el toro esté dónde yo le mande. Esto es lo que entiendo del torero: hacer que el toro embista únicamente a lo que se mueve. Por ello, yo en la plaza tengo que hacer de poste, porque así, mandado con la muleta y llevo al toro por el recorrido justo. Así se pude torear con tranquilidad y evito el ser cogido. Puede que la res se tropiece o cambie de trayectoria y entonces todo va al traste.... con consecuencias imprevisibles”
Manuel Rodríguez "Manolete"


"Manolete" Su muerte imagen a imagen
Fotos Paco Cano


Enlaces
Paco Cano fotógrafo taurino

Fuente:
http://www.elartetaurino.com/manolete.html

NIÑOS DE SOMALIA - Gloria Fuertes

NIÑOS DE SOMALIA
Yo como
Tú comes
El come
Nosotros comemos
Vosotros coméis
¡Ellos no!
Gloria Fuertes
(De  Mujer de verso en pecho, Madrid: Cátedra, 1996).

Enlaces:

Villancico del Niño dormilón - Gloria Fuertes

El viejo manuscrito -Franz Kafka



Podría decirse que el sistema de defensa de nuestra patria adolece de serios defectos. Hasta el momento no nos hemos ocupado de ellos sino de nuestros deberes cotidianos; pero algunos acontecimientos recientes nos inquietan.
Soy zapatero remendón; mi negocio da a la plaza del palacio imperial. Al amanecer, apenas abro mis ventanas, ya veo soldados armados, apostados en todas las bocacalles que dan a la plaza. Pero no son soldados nuestros; son, evidentemente, nómades del Norte. De algún modo que no llego a comprender, han llegado hasta la capital, que, sin embargo, está bastante lejos de las fronteras. De todas maneras, allí están; su número parece aumentar cada día.
Como es su costumbre, acampan al aire libre y rechazan las casas. Se entretienen en afilar las espadas, en aguzar las flechas, en realizar ejercicios ecuestres. Han convertido esta plaza tranquila y siempre pulcra en una verdadera pocilga. Muchas veces intentamos salir de nuestros negocios y hacer una recorrida para limpiar por lo menos la basura más gruesa; pero esas salidas se tornan cada vez más escasas, porque es un trabajo inútil y corremos, además, el riesgo de hacernos aplastar por sus caballos salvajes o de que nos hieran con sus látigos.
Es imposible hablar con los nómades. No conocen nuestro idioma y casi no tienen idioma propio. Entre ellos se entienden como se entienden los grajos. Todo el tiempo se escucha ese graznar de grajos. Nuestras costumbres y nuestras instituciones les resultan tan incomprensibles como carentes de interés. Por lo mismo, ni siquiera intentan comprender nuestro lenguaje de señas. Uno puede dislocarse la mandíbula y las muñecas de tanto hacer ademanes; no entienden nada y nunca entenderán. Con frecuencia hacen muecas; en esas ocasiones ponen los ojos en blanco y les sale espuma por la boca, pero con eso nada quieren decir ni tampoco causan terror alguno; lo hacen por costumbre. Si necesitan algo, lo roban. No puede afirmarse que utilicen la violencia. Simplemente se apoderan de las cosas; uno se hace a un lado y se las cede.
También de mi tienda se han llevado excelentes mercancías. Pero no puedo quejarme cuando veo, por ejemplo, lo que ocurre con el carnicero. Apenas llega su mercadería, los nómades se la llevan y la comen de inmediato. También sus caballos devoran carne; a menudo se ve a un jinete junto a su caballo comiendo del mismo trozo de carne, cada cual de una punta. El carnicero es miedoso y no se atreve a suspender los pedidos de carne. Pero nosotros comprendemos su situación y hacemos colectas para mantenerlo. Si los nómades se encontraran sin carne, nadie sabe lo que se les ocurriría hacer; por otra parte, quien sabe lo que se les ocurriría hacer comiendo carne todos los días.
Hace poco, el carnicero pensó que podría ahorrarse, al menos, el trabajo de descuartizar, y una mañana trajo un buey vivo. Pero no se atreverá a hacerlo nuevamente. Yo me pasé toda una hora echado en el suelo, en el fondo de mi tienda, tapado con toda mi ropa, mantas y almohadas, para no oír los mugidos de ese buey, mientras los nómades se abalanzaban desde todos lados sobre él y le arrancaban con los dientes trozos de carne viva. No me atreví a salir hasta mucho después de que el ruido cesara; como ebrios en torno de un tonel de vino, estaban tendidos por el agotamiento, alrededor de los restos del buey.
Precisamente en esa ocasión me pareció ver al emperador en persona asomado por una de las ventanas del palacio; casi nunca sale a las habitaciones exteriores y vive siempre en el jardín más interior, pero esa vez lo vi, o por lo menos me pareció verlo, ante una de las ventanas, contemplando cabizbajo lo que ocurría frente a su palacio.
-¿En qué terminará esto? -nos preguntamos todos-. ¿Hasta cuando soportaremos esta carga y este tormento? El palacio imperial ha traído a los nómadas, pero no sabe cómo hacer para repelerlos. El portal permanece cerrado; los guardias, que antes solían entrar y salir marchando festivamente, ahora están siempre encerrados detrás de las rejas de las ventanas. La salvación de la patria sólo depende de nosotros, artesanos y comerciantes; pero no estamos preparados para semejante empresa; tampoco nos hemos jactado nunca de ser capaces de cumplirla. Hay cierta confusión, y esa confusión será nuestra ruina.