Ara mateix


Cridem qui som i que tothom ho escolti.
I en acabat, que cadascú es vesteixi
com bonament li plagui, i via fora!,
que tot està per fer i tot és possible.


Miquel Martí i Pol

sábado, 12 de enero de 2019

recomienzo - J.Cortázar


"Me paso la vida sin hacer nada útil, cultivando unos pocos amigos, admirando a unas pocas mujeres y levantando con eso un castillo de naipes que se me derrumba cada dos por tres. ¡Plaf, todo al suelo!.
Pero recomienzo, sabe usted, recomienzo..."

viernes, 11 de enero de 2019

Diarios (Fragmento) Alejandra Pizarnik


"Acabo de recibir una carta de A. R. en la que me dice, honestamente, que no entiende mis versos. Me ruega que se los explique. Y a mí, ¿quién me los puede explicar? No sé de dónde han surgido, ni cómo. Han sido momentos aislados y mágicos, que me raptaron de estos odiados tiempo y espacio, y me sentaron en una nebulosa de arena sobre la que escribí lo que un ángel, un poco travieso, quiso dictarme.
Pero ¿cómo decirle a A. R. que no he sido yo la tutora (o la culpable) de esas palabras inhumanas? Rilke decía: "La mayor parte de los acontecimientos son indecibles"... "

Alejandra Pizarnik

jueves, 10 de enero de 2019

Soy vertical . Sylvia Plath


Pero prefiero ser horizontal.
No soy un árbol con mi raíz en el suelo
Chupando minerales y amor maternal
Para que cada mes de marzo pueda brillar en la hoja,
Tampoco soy la belleza de una cama de jardín
Atrayendo mi parte de Ahs y espectacularmente pintado,
Sin saberlo, pronto debo ser un petal.
Comparado conmigo, un árbol es inmortal
Y una cabeza de flor no alta, pero más sorprendente,
Y quiero la longevidad de uno y la osadía del otro.
Esta noche, en la luz infinitesimal de las estrellas,
Los árboles y las flores han estado derramando sus olores fríos.
Camino entre ellos, pero ninguno de ellos se da cuenta.
A veces pienso que cuando estoy durmiendo
Debo parecerme perfectamente a ellos--
Pensamientos perdidos.
Es más natural para mí, acostada.
Entonces el cielo y yo estamos en una conversación abierta,
Y seré útil cuando me acueste finalmente:
Los árboles pueden tocarme por una vez, y las flores tienen tiempo para mí.
Sylvia Plath - 1961, Los poemas escogidos

I Am Vertical
But I would rather be horizontal.
I am not a tree with my root in the soil
Sucking up minerals and motherly love
So that each March I may gleam into leaf,
Nor am I the beauty of a garden bed
Attracting my share of Ahs and spectacularly painted,
Unknowing I must soon unpetal.
Compared with me, a tree is immortal
And a flower-head not tall, but more startling,
And I want the one's longevity and the other's daring.
Tonight, in the infinitesimal light of the stars,
The trees and flowers have been strewing their cool odors.
I walk among them, but none of them are noticing.
Sometimes I think that when I am sleeping
I must most perfectly resemble them--
Thoughts gone dim.
It is more natural to me, lying down.
Then the sky and I are in open conversation,
And I shall be useful when I lie down finally:
The the trees may touch me for once, and the flowers have time for me.
Sylvia Plath - I Am Vertical 1961,The Collected Poems

lunes, 7 de enero de 2019

El cielo puede esperar: glorias del cine que lo siguen siendo - BEGOÑA PIÑA



 
Héctor Alterio y José Sacristán 



Fernando Fernán Gómez, uno de los más grandes, siguió trabajando hasta un año antes de su muerte, con 86 años. Alguna vez dijo –y teniendo en cuenta su carácter, debía ser muy cierto– que la pensión de un actor en España no daba para retirarse. Así que, de talento inmenso e incombustible, cerró su carrera en el cine como actor en 2006 participando en una ópera prima.
El teatro, como intérprete, lo había abandonado mucho antes, en 1979, con un montaje de El alcalde de Zalamea. Por lo visto, le asaltó el terror de olvidar el texto en mitad del escenario. Ese pánico, seguramente infundado, le permitió engordar su extraordinaria trayectoria como autor. Hasta su despedida, muchos fuimos rastreando las películas en las que aparecía, lo mismo que hoy, supongo, harán espectadores de todo el mundo con otros clásicos octogenarios y nonagenarios todavía y felizmente vivitos y coleando.
Pausa en el rodaje de 'Rey de ladrones'.

Barriobajero y millonario

Michael Caine es uno de ellos y ahora, con 85 años, vuelve al cine como protagonista con Rey de ladrones, una película donde interpreta a un ex recluso que quiere dar su último golpe acompañado de una pandilla en la que pesan los años, por lo menos de dos más de ellos: Tom Courtenay (81) y Michael Gambon (78).
Genial, este londinense barriobajero y millonario confesó el año pasado que su principal preocupación era la muerte. “Sé que tengo los días contados”. A pesar de ello, Caine sigue trabajando como si tuviera en sus manos el tiempo. El año pasado se juntó con otra banda de veteranos –Alan Arkin (84) y Morgan Freeman (81)– para cometer otro atraco, esta vez al banco que se había quedado con su dinero (Un golpe con estilo).
Parece que la interpretación no tiene fecha de caducidad. Mientras trabajadores de todo el mundo se echan las manos a la cabeza pensando en los años que todavía les quedan por seguir en el tajo, muchas actrices y actores sienten que rejuvenecen cuando se ponen ante las cámaras. Me refiero, naturalmente, a los privilegiados que no tienen que preocuparse por el dinero. Nada que ver con el caso de Fernando Fernán Gómez y de sus colegas españoles.

Despedida a la francesa

Claro que también están los otros afortunados, los que han hecho mutis por el foro con la jubilación aseguradísima. Después de un sospechoso silencio, en 2014 nos enteramos de que Gene Hackman (88) se había despedido a la francesa. El policía de narcóticos Jimmy ‘Popeye’ Doyle, el paranoico Harry Caul, el depravado sheriff Little Bill Daggett, el atracador Joe Moore… ahora vive como apacible escritor y pintor retirado. No sé muy bien a qué dedica el tiempo el legendario Kirk Douglas, que el próximo día 9 cumplirá 102 años, desde su última interpretación hace un decenio en televisión, pero sí sé que su hijo Michael Douglas no fue al único que se le saltaron las lágrimas al verle hace solo unos días en el Boulevard de Hollywood, donde el vástago por fin tiene su estrella.
Centenaria también, Olivia de Havilland (102) se apartó de la interpretación pero perseveró en mantener bien encendida la llama de la delirante rivalidad con su hermana menor, Joan Fontaine, y el año pasado, por si quedaban dudas sobre su determinación, presentó una denuncia contra los productores de un drama en televisión por la imagen que se daba de ella, encarnada por Catherine Zeta-Jones.

 Otra diva acercándose al siglo, Doris Day (96) –y su espléndida voz– se reconvirtió hace años en hotelera, por cierto, de éxito. Y, naturalmente, como insistente activista de los derechos de los animales, en su distinguido hotel en California se admiten mascotas.
Doris Day, en 'El hombre que sabía demasiado'

Morir matando

Los hay, en el otro lado, incombustibles como la maravillosa Shirley MacLaine (84), las británicas Judi Dench (83) y Maggie Smith (83), Clint Eastwood (88), que morirá matando; Robert Duvall (87), eterno consigliere, ahora viejo político corrupto y ultraderechista en Viudas; Donald Sutherland (87), el fascista cabrón de Novecento del tristemente desaparecido Bertolucci o el fanático de los martinis, el alborotador y juerguista cirujano Hawkeye Pierce de M.A.S.H. que sigue también rodando y ha fichado para una serie de televisión en 2020; Angela Lansbury que con 93 años vuelve a la gran pantalla esta Navidad con El regreso de Mary Poppins; el canadiense Christopher Plummer (88), esta semana en los cines con El hombre que inventó la Navidad, esperando otros dos estrenos y rodando dos nuevas películas…

El impecable y poderoso Max von Sydow (89), actor fetiche de Ingmar Bergman, ha reaparecido como militar ruso vendido a las demandas de Putin en Kursk y ya está rodando una película sobre la terrible masacre de Kalavryta perpetrada por los nazis. Imponente, este soberbio intérprete no ceja en su lucha, hastiado de que el mundo le conozca solo por el papel del padre Merrin de El exorcista, por demostrar su inmenso talento.
Robert Duvall, en 'Viudas'

En el funeral de Lubitsch

Me temo que el sueño de disfrutar con el descarado Jack Nicholson (81) en el papel del grotesco bromista, padre maravilloso, Toni Erdmann no se verá cumplido. Aunque la producción del remake sigue adelante, su nombre ya no está en el proyecto. A él, por el momento, se le sigue viendo en las canchas de baloncesto, pero muchos de sus fans han inundado las redes con sus lágrimas tras los rumores de que sufría Alzheimer.
Núria Espert, Concha Velasco y Julia Gutiérrez Caba

En España, ahí siguen, más presente que nunca en el cine, José Sacristán (81) que actualmente rueda la serie Alta mar, o Nuria Espert (83), ahora en el escenario con Romancero gitanoJulia Gutiérrez Caba (86), se mantiene en televisión, donde hace dos años todavía veíamos a Alicia Hermida (86). Asunción Balaguer (93) participó en una película, Cuervos, también en 2016, y Julieta Serrano (85) y María Galiana(83) siguen al pie del cañón. A Héctor Alterio (89) hace un par de años todavía le tiraban las tablas… Y que sean muchos años más.
Lo terrible de las despedidas profesionales de las estrellas es que, como se lamentó Billy Wilder en el funeral de Lubitsch, nos hemos quedado sin sus películas. Podemos seguir fantaseando, aunque sin demasiada esperanza, con las reapariciones de Sean Connery (88) o Sidney Poitier (91). ¿Quién dice que no sorprenderán, al menos una vez más, Sophia Loren (84), Claudia Cardinale (80) y Gina Lollobrigida (91)? ¿es que no podría arrepentirse Robert Redford (82) –“Esto es el fin de la actuación para mí, he estado haciendo esto desde que tenía 21 años”– y regresar por donde vino son esa deslumbrante sonrisa, una de las mejores del cine?
BEGOÑA PIÑA 
PúblicoMADRID 06/12/2018
Fuentes: 

sábado, 5 de enero de 2019

POEMA DESTRUCCIÓN DE LA MAÑANA (DEL 23 AL 30) - José María Fonollosa



23

Me detengo a fijarme en otros cuerpos.
Gordos, delgados, altos, grandes, bajos.
Cuerpos pequeños, ínfimos, enormes,
huesudos, desgarbados y contrahechos.

Vigilo cuando allegan a mi lado
por si entre ellos surgiera, de improviso,
el cuerpo que tenía, ansiosamente
buscándome, él también, entre el tumulto.

Pero no hay más que viejo en la calle.
Cabellos blancos, calvas... Las arrugas
aran la piel rojiza de las caras.
Caras sonrientes, tristes. Todas viejas.

Son montones de células extintas
pegadas a proyectos de cadáveres.
Las estudio con odio y repugnancia
como si fueran copias de mis rasgos.


24

Paso ante un Pub y maquinalmente entro.
El Black and tan se agita insomne, incómodo
tras la barra del bar. El altavoz
sibilino matiza su desgarro.

Debe ser noche de Ellington. Creole
love call se despereza suavemente.
Su sinuosa caricia se introduce
turbadora en la sangre y los sentidos.

Una mujer tropieza con mi hombro.
Me sonríe. Sonrío. Nos miramos.
Qué agradable es tener a una mujer
que nos mire a los ojos y sonría.

Es joven y es bonita. Pelirroja.
No hay mejor compañía para el hombre
que el cuerpo femenino de amplio escote.
Qué bien se está a su lado revisándolo.

Es mejor la bebida, hablar, la risa...
Todo sabe mejor si está presente
una mujer bonita. Más si es joven.
Incluso estar de pie. O ir en taxi.


25

Qué tierno es el abrazo, el roce
de su piel, tan suavísima, en la mía.

Qué agradable es tener una mujer.

Y qué grato el cansancio placentero
que adormece la sangre dulcemente.


26

Al despertar es como haber dormido
meses en este incómodo camastro.

Junto a mí se da vuelta una mujer.
Duerme profundamente. No sonríe.

Miro el reloj. Las cuatro menos cinco.
No es bonita. No es joven. ¿Cómo pude 
acostarme con ella si a mejores
yo rechacé otras veces? Me levanto.

Debía estar borracho. Aún otro día
perdido, malogrado. Como siempre.

En silencio me visto y al marcharme
ella sigue en letargo. Ronca un poco.


27

Es absurdo vivir. Y duele mucho.
Mi vida no era al mundo necesaria.
No soy más que un estorbo para algunos
y un estorbo también para mí mismo.

Y así somos los más. Unos objetos
molestos arrojados a la vida
que aparta alguna gente cuando avanza.
Todo ha salido mal. Todo mal sale.


28

El aire es fresco, frío, por la calle.
Aposté mi fortuna a un solo envite
creyendo, apresurado, que tenía
los naipes de escalera de color.

Y resultó un farol al enseñarlos.

Nunca podré tener acceso al podio.
No es válida la entrada que poseo.
Toda mi vida he estado en la estación
donde no pasa el tren que yo aguardaba.


29

Me había ya olvidado del intruso,
el que ahora va conmigo, el que yo soy.
Se refleja en un vidrio, mas no admira
las muestras que se exhiben en la tienda
pidiendo las libremos de su encierro.

Me espía a mí. Indagamos de hurtadillas
si hay alguien que repare nuestro examen.
La acera está vacía en todo el tramo.
Y reviso sus rasgos fríamente.
Con imparcialidad. Neutral. Ecuánime.

Intenta sonreír, mas su sonrisa
es un gesto forzado que desvela
arrugas en el rostro del yo espurio.
Me mira consternado. Con desánimo.
Vuelvo la espalda y cruzo la calzada.


30

Es injusto querer justificarse
uno ante sí arguyendo: -«No hubo suerte».
Esto es lo que se imparte a los demás.
La verdad la sabemos bien cada uno.

Uno no puede dar lo que no tiene.

Las cosas son así. Nadie es culpable
en la mezcla confusa, tiempo y vida,
que nos forma y deforma indiferente.

Soy de los más que estamos ahí, ahogándonos
en la propia corriente que nos nutre.

Como el sol detenido en la pared
que empuja su calor contra las piedras,
apretujados todos. Maldiciendo.

Maldiciendo a los otros. Maldiciéndonos.

Podemos, sí, decir que hemos vivido.
Como el que ha realizado una tarea
penosa, decir cada uno: -«He vivido».
Que es igual que afirmar: -«He fracasado».
José M. Fonollosa

Enlaces:
Water Street

viernes, 4 de enero de 2019

la muerte de Juan Belmonte - ANDRÉS AMORÓS






Hallan el original de una carta que desvela las circunstancias de la muerte de Juan Belmonte:

Martínez de León describe la primera y única «espantá» del genio del toreo

Julio Camba, Ramón Pérez de Ayala, Ramón del Valle- Inclán y el torero Juan Belmonte.
Una carta de Martínez de León, dada a conocer por Salvador Balil, aporta una información muy valiosa sobre la trágica muerte de Juan Belmonte, el genio del toreo. El sevillano Andrés Martínez de León (1895-1978) es una figura extraordinaria: magnífico humorista, ilustrador y escritor, colaborador de ABC; amigo de Blas Infante, García Lorca, Jorge Guillén y Miguel Hernández. Pertenece a la «generación del 27 del humor». Sus temas preferidos son el costumbrismo sevillano, los toros y el fútbol.

 Enriqueta Pérez Lora

El 8 de abril de 1962, fallece en Sevilla Belmonte. Cuatro meses después, el 3 de agosto, Martínez de León escribe a México, a su amigo José Pérez Gómez, apodado «El Nili», una carta en la que le cuenta las circunstancias de esa muerte. Esa carta se publica en el semanario mexicano «El Redondel», el 12 de agosto. Se alude en ella a «la novia» de Belmonte: sin duda, Enriqueta Pérez Lora. Menciona también a Andrés Gago, apoderado de Carlos Arruza.
El año 2010, Salvador Balil Forgas, un gran aficionado catalán, la publica, sintetizada, en su libro «Juan Belmonte en la soledad de dos atardeceres» (ed. Almuzara), fundamental para entender lo que significa la aportación del diestro a la Tauromaquia y el misterio de su personalidad. (Había encontrado una copia entre las páginas de un viejo libro).

Texto íntegro de la misiva

Andrés Martínez de León
Curiosamente, la Fundación Martínez de León acaba de localizar el original de esa misma carta, con algunas variantes. Por amabilidad de dicha Fundación, he podido cotejar la nueva versión con la que publicó Balil: ofrezco aquí un texto íntegro, refundiendo los dos. Me parece un testimonio de gran valor sobre un tema que ha suscitado tantas polémicas.
«Cercedilla, 3 de agosto de 1962
Sr. D, José Pérez Gómez. – México D.F.
Querido Pepe:
Recibí tu carta, que te agradezco mucho, por el tiempo que me has dedicado en ella y por la cordialidad puesta, la misma que todos sentimos por ustedes.
No sé qué habrá llegado hasta ti sobre la muerte de Belmonte, pero lo cierto es que Juan se suicidó de un solo disparo por encima de la oreja derecha, tremenda decisión que, por lo visto, tenía tomada hace tiempo. Ni amores contrariados, ni absurdos problemas económicos. Juan se ha negado a pararle, aguantarle y mandarle al último toro de su vida: al de la vejez. No ha querido que este toro último lo zarandee y ponga en ridículo y ha dado la “espantá” (la única de su vida), precisamente en el momento que Corrochano calificó de “la hora de Belmonte”, un atardecer, allá en su finca de “Gómez Cardeña”.
Juan Belmonte

Belmonte el misterioso

Su horror a la postura final belmontiana era conocido de todos nosotros. Tal vez pensara que Belmonte el trágico, Belmonte el misterioso, debía tener un epílogo dramático que levantara por última vez de sus asientos a los espectadores. De ahí su verdadero pánico por ser atropellado por una bicicleta, motos o camiones; por una larga enfermedad, llena de claudicaciones físicas…
El gesto de Hemingway, matándose, le quedó fijo. La muerte reciente de Julio Camba, a quien vio morir en medio de penosas claudicaciones físicas, acabaría por decidirlo. Su leyenda, su vida auténtica, con el ¡ay! de la cornada siempre encima; “Gallito”, muerto como un héroe, en los cuernos de un toro… y él, vivo. Todo esto, y hasta la literatura volcada sobre él, actuaba fuertemente sobre su espíritu trágico, de andaluz desesperado. Y la solución era el tiro, el tiro de un revólver, como de juguete, que siempre le acompañaba, en el bolsillo.
–“Pue… pue entonces –decía, ante cualquier problema– no queda má solución que er tiro; er tiro y er montoncito de tierra… er montoncito…”
El día antes de matarse me lo anunció, sin que yo, naturalmente, me diera cuenta. Estábamos los dos solos, a la puerta de “Los Candiles”. No era la época en que yo suelo ir por Sevilla, pero un asunto particular me hizo anticiparla. No sé qué le encontraba de sombrío. Para mis referencias de ciertas conferencias, en Madrid, de “Los de José y Juan” –la más formal peña de toros–, no tenía el comentario vivo, zumbón y un poco cruel de otras veces.

Noticia bomba

Casualmente, pasó por allí el periodista tan conocido tuyo, López Grosso, quien me saludó, extrañado de mi anticipada llegada a Sevilla. Luego, dirigiéndose a Juan, le dijo: “Juan, a ver cuándo me da usted una buena noticia taurina para la ‘Hoja del Lunes’. ¡Pero una noticia bomba, que yo me luzca!” Juan estaba a mi derecha, encogido en su asiento, como si quisiera ocultar la cabeza entre los hombros, y le contestó: “Pues quizá mañana… o pasao… le dé una com…completamente bomba”.
Como esto lo dijo Juan en tono sombrío, todos nos quedamos serios, sin comprender. Fui yo el que rompió el embarazoso momento: “Es que Juan te va a anunciar su reaparición en la Maestranza”, le dije. Nos reímos y la conversación siguió, pero al enterarnos, al día siguiente, de cuál era “la noticia bomba”, Grosso y yo nos impresionamos aún más.
El día de su muerte, se vistió Juan de corto, con esa sobria elegancia varonil de nuestros ganaderos. Muy de mañana, fue a Triana, para entregarle a su… novia un fajo de billetes: “Ahí tienes 450.000 pesetas –le dijo–. Si de aquí a Semana Santa no te las pido, quédate con ellas. Son para ti”. Luego, oyó Misa y salió para “Gómez Cardeña”; quince días antes había hecho testamento.
Su recorrido a caballo por la finca fue una auténtica despedida callada. Con todo el mundo habló y todos los rincones vio. Luego, acosó y derribó. Los médicos le habían prohibido este gran esfuerzo y Juan se aliviaba, haciendo que los criados le trajeran la becerra del rodeo y, ya embalada la vaca, Juan sustituía a uno de la collera y derribaba. Ese día, prescindió de este alivio y él mismo sacó a las vaquillas, las corrió y derribó, ante la sorpresa de la gente.
Luego, a la caída de la tarde, quiso encerrar en la placita de tientas a un semental que pastaba en el campo, algo lejos del cortijo, el cual semental tenía apalabrado para su venta a Andrés Gago.
“–Don Juan –le advirtieron–, mire usté que hase mucha caló y er toro está muy lejos… va a bregá mucho. Además, si quiere usté tentarlo, no hay quien le ayude, en la faena”.
Juan desistió, en silencio.
¿Quiso despedirse de la vida enfrentándose con un toro de verdad? ¿Quiso dejarse matar por el toro?… ¿O desistió, ante el temor de que sólo lo lastimara la fiera aquélla y pasara por loco, ante los sensatos cortijeros?

Se pegó un tiro

Ya anocheciendo, casi entre dos luces, en “la hora del Belmonte misterioso”, se encerró en su despacho, entornó las ventanas, puso en marcha el ronroneo del pequeño motor que da luz al caserío y se pegó el tiro. Cuando, al cabo de un tiempo, entró la criada, lo encontró muerto, con la cabeza inclinada sobre la mesa ante la que estaba, sentado en un sillón frailuno, con el revólver en la mano. Dejó carta al Juez.
Amigo Pepe, me temo que todo esto te resulte largo y penoso; y a mí, también. Ya no hay más remedio que continuar: falta poco.
Al entierro no fue mucha gente. A sus funerales, nadie. La Iglesia pasó por alto el suicidio. A muchos les pareció, el acto de Juan, una cobardía; a otros, un acto de entereza, digno de Belmonte. La gente joven no se emocionó: siguió hablando de fútbol.
Abrazos a todos, de nosotros, muy cordiales. Para ti, de tu buen amigo de siempre