Ara mateix


Cridem qui som i que tothom ho escolti.
I en acabat, que cadascú es vesteixi
com bonament li plagui, i via fora!,
que tot està per fer i tot és possible.


Miquel Martí i Pol

domingo, 18 de junio de 2017

Iván Fandiño, el torero vasco


Iván Fandiño Barros ha fallecido a los 36 años de edad víctima de una cornada de 15 centímetros, que afectó a órganos vitales, en la ciudad francesa de Aire SurL’Sdour
El toro empitonó de forma violenta a Iván hundiéndole por el costado. La extensión y gravedad de la cogida hicieron que el equipo médico tomara la decisión de trasladarlo al hospital donde nada pudieron hacer por su vida

Iván Fandiño nació en Orduña, Bizkaia, en 1980, es matador de toros desde el año 2005. Ha tenido una intensa y dura trayectoria como torero, siempre apoderado por su fiel amigo Nestor García, plantearon su carrera a la antigua usanza: torero y apoderado independientes que basan el éxito de su temporada en el triunfo de cada tarde. Torero artista pero con gran valor, serio, consciente del drama del toreo.

Iván Fandiño era el único torero vasco en activo. De carácter serio y hombre de pocas palabras, se abrió paso en la profesión a base de valor y una técnica bien aprendida. Sin tradición taurina en su familia, llegó a destacar como pelotari cuando aún era un adolescente, pero pudo más su afición a los toros. Se vistió de luces por vez primera en Llodio en 1999, y debutó con picadores en su pueblo natal en 2002. Cortó una oreja en su presentación en Madrid, el 12 de septiembre de 2004, casi un año antes de que tomara la alternativa en Bilbao el 25 de agosto de 2005, con El Juli como padrino y Salvador Vega como testigo.

En cada tarde parecía torear siempre hacia adentro para poder sacar todo el arte que llevaba hacia afuera, sin alharacas y sin aspavientos. Triunfador en Madrid y en su Bilbao natal llevaba años viviendo en Guadalajara, donde sus triunfos, su participación en la promoción de la fiesta con los más pequeños y su generosidad con todos los que trataba le convirtieron en un admirado alcarreño más.

Confirmó en Las Ventas en 2009, y, un par de temporadas después, comenzó la remontada en todas las ferias importantes. En 2011, hizo el paseíllo en Madrid en cuatro ocasiones, cortó cuatro orejas y fue declarado triunfador de la feria de San Isidro.

En 2013, fue premiado como autor de la mejor faena del ciclo madrileño ante un toro de Parladé, que le infirió una fuerte cornada en la suerte suprema, y al año siguiente abrió la Puerta Grande el 13 de mayo tras cortar las dos orejas a otro toro de esa misma ganadería. Un gran torero que tocó la gloria del éxito con la yema de los dedos, y desde hace un par de años atravesaba una etapa de ostracismo de la que no ha podido salir a pesar de sus intensos esfuerzos.

Iván Fandiño vivió hasta 2015 sus años de grandeza, en los que se convirtió en un torero imprescindible en todas las ferias y triunfador en muchas de ellas.
El momento culminante de su vida torera lo vivió el 29 de marzo de 2015, cuando se encerró en solitario en la plaza de Las Ventas con seis toros de las llamadas ganaderías duras: Partido de Resina, Adolfo Martín, Cebada Gago, José Escolar, Victorino Martín y Palha. Colgó el cartel de no hay billetes, y protagonizó la página más brillante de su carrera taurina y una tarde para la historia de la tauromaquia.
No triunfó porque los toros no se le permitieron, pero se marchó de la plaza con paso firme y convencido de que había realizado una de las grandes gestas de la fiesta de los toros.

Una faceta poco conocida del vasco Iván Fandiño,  ha seguido la estela de diestros como Enrique Ponce o Jesulín de Ubrique y se ha metido un estudio para grabar la canción Capote y muleta. de la cantante jiennense Raquel Morey.
Aunque es el primer disco que graba, no es la primera incursión del diestro de Orduña en el mundo de la música, ya que en diciembre grabó un videoclip en la plaza de toros de Bilbao junto a la modelo Elena Ibarbia, interpretando el tema Maritxu para felicitar las fiestas navideñas.

Ahora, por los misteriosos azares del destino, el torero vizcaíno descansa en paz tras una mortal cornada en una plaza francesa. . El torero resbaló al intentar hacer un quite a un toro de su compañero Juan del Álamo, cayó al suelo y allí el astado, perteneciente a la ganadería española de Baltasar Ibán, lo corneó en el costado derecho. Inmediatamente, fue trasladado a un hospital de Mont de Marsan, donde los facultativos no pudieron hacer nada por salvarle la vida. De todos modos, los facultativos no quisieron confirmar la noticia y remitieron a un próximo parte médico.

Iván Fandiño había cortado una oreja en su primer toro, y actuaba junto al citadoJuan del Álamo y el torero francés Thomas Duffau.

Fuentes:

viernes, 9 de junio de 2017

Luz desmenuzada - Emma Fondevila



Luz desmenuzada
jirones de sol entre los árboles
una calle atardecida.
Atisbo de jazmines
Lluvia de jacarandá
alfombrando las veredas
y al fondo del zaguán
una puerta se abre
a un patio
habitado
por la infancia
Un barrio
lejos
en un planeta que no es
en una galaxia niña
una galaxia en crecimiento
constelada por cinco o seis dientes
cambiados por estrellas
y un lucero encandilando
la molicie
trémula
absorta
de la ciudad lejana.
La vida plácida
el empleo seguro
la casa construida lentamente
sobre el barro
sobre la llanura forzada
y una bandera coronando el techo conseguido.
Después
la vida destruida
a golpe de golpes militares.
la Escuela prostituida
por la Mecánica de la crueldad exacerbada
Armada hasta los dientes
picana
ahogamientos
violaciones
hijos trasplantados
hijos falsos
de torturadores genuinos
niños conviviendo con asesinos de sus padres
Los muertos en el río
y vuelo de pañuelos blancos
sobre una plaza y un olvido.
©Emma Fondevila

jueves, 8 de junio de 2017

Chicho Ibáñez Serrador, la asignatura pendiente de las universidades españolas: Borja Terán



 
La asignatura pendiente de las facultades de comunicación de España se llama Chicho Ibáñez Serrador. Los alumnos salen de la Universidad sabiendo multitud de géneros, técnicas y lenguajes audiovisuales pero, sin embargo, no exploran figuras prácticas que definen la esencia de las narrativas de televisión, cine e incluso radio.



Uno de los ejemplos más claros se resume en Narciso Ibáñez Serrador. Es fácil hablar con recién licenciados en Comunicación o Periodismo que desconocen quién es la figura más importante de la televisión en España. Algo falla si los estudiantes salen de la facultad sin conocer a la persona que ejemplifica la televisión en su máxima expresión, con sus virtudes y hasta con sus debilidades.


Porque estudiar a Chicho Ibáñez Serrador es aprender la importancia de la mirada propia a la hora de contar historias. Con Chicho la televisión aprendió del cine y el cine aprendió de la televisión. Serrador incorporó elementos tradicionales del guion cinematográfico y teatral a todos sus programas, ya fueran concursos de entretenimiento, como el Un, dos, tres o El Semáforo, o divulgativos como Hablemos de Sexo.

Sus programas son una lección de narrativa, planificación, guion y, no menos importante, dirección de actores: del presentador, pasando por los figurantes o ballet y, sin olvidar, los artistas invitados, como los cantantes.

Con Serrador hasta el cantante que iba sólo de mera promoción sabía a qué cámara mirar y la actitud que debían tener. Porque Chicho entendía lo crucial de definir bien los conceptos escénicos. No le bastaba un playback con pie de micro, comprendía que la televisión era contar con rotundidad una historia. En televisión y en su vida, porque él siempre ha sido un gran narrador de historias.

De hecho, su forma de colocar las cámaras, los travellings y hasta los primeros planos contaban con un sello personal que no se ha vuelto a repetir y que resume una de las armas de éxito de la televisión de hoy y mañana: el ensayo y la buena planificación. Todo estaba milimetrado. Porque de lo ensayado surge la mejor improvisación.


Aunque de Chicho también hay que aprender su habilidad para descubrir nuevos talentos y tomar el pulso a su tiempo. En programas y en ficción, ha retratado con astucia la situación del país. Aunque no lo pareciera. Y aportando una interesante obsesión extra, pues Serrador siempre ha intentado que su trabajo, además de entretener, despertara la curiosidad en el espectador. Enseñara, aunque fuera un poquito, y hasta propiciara cierto pensamiento crítico en una audiencia con inquietudes por descubrir. De hecho, él mismo creó una magistral radiografía de la fascinación tóxica que despertaba la pequeña pantalla con El Televisor. Una obra de arte.

Chicho es un adelantado a su tiempo. Un visionario. Él inventaba la televisión. Experimentaba con sus engranajes. Y creaba estampas sin fecha de caducidad. Ya el logotipo de Historias para no dormir era una escalofriante (y reconocible) imagen de marca redonda: la puerta a contraluz abriéndose, con su chirrido y con su grito seco final. Una carta de presentación que había llegado para quedarse en la memoria colectiva.

Entonces no había demasiados medios, pero la falta de presupuestos no era un obstáculo ni excusa. Desde los rudimentarios estudios de TVE de la época, desde el corazón de un recién inaugurado Prado del Rey (no en el Paseo de La Habana), Serrador evidenció su maestría para engarzar unas tramas en Historias de la frivolidad o Historias para no dormir que funcionaban a la perfección gracias a un ingenio al que no empalagaban las truculencias o la censura.

Chicho es para algunos el Alfred Hitchcock español. Pero, en realidad, es mucho más que un Hitchcock para nuestro país. Porque ha sabido ir más allá del cine de género y ha incorporado sus técnicas a la televisión, modernizando los contenidos televisivos y revolucionando el entretenimiento. Sus programas son un puzzle de elementos para atrapar al espectador: bases musicales que dirigían la percepción del público, personajes pluscuamperfectos (con protagonistas, antagonistas, rupturistas y dinamizadores del show…), giros dramáticos -antes de que se popularizara la expresión cliffhanger- para que la audiencia aguantara la atención… Todo perfectamente coreografiado, como si nada.

Y podía haber hecho mucho más. Pero TVE y los productores no le dejaron. Porque la falta de riesgo no es nada nuevo en nuestra televisión. Aunque ahí guarda sus guiones, que deberán ser estudiados y tal vez alguno hasta rodado.

No ha existido nadie tan importante para la televisión en España como Chicho Ibáñez Serrador. Ha llegado el momento de que también la Universidad divulgue como merece el trasfondo de su trabajo con una visión global del significado del entretenimiento que, paradójicamente, se está perdiendo y que está empobreciendo la televisión de hoy y, lo que es peor, del mañana.


Borja Terán


Filmografía

Cine

Televisión


Fuentes:
http://blogs.lainformacion.com/telediaria/2017/04/13/chicho-ibanez-serrador-la-asignatura-pendiente-de-las-universidades-espanolas/
http://www.falsodirecto.com/2015/08/borja-teran-fotos/
https://youtu.be/IMCRZuzguSk

miércoles, 7 de junio de 2017

Lo que me gusta de tu cuerpo... - Julio Cortázar

Julio Cortázar y Carol Dunlop © Archivo UNAM

Lo que me gusta de tu cuerpo es el sexo.
Lo que me gusta de tu sexo es la boca.
Lo que me gusta de tu boca es la lengua.
Lo que me gusta de tu lengua es la palabra.
- Julio Cortázar -

martes, 6 de junio de 2017

LA IDENTIDAD - Elena Poniatowska


Yo venía cansado. Mis botas estaban cubiertas de lodo y las arrastraba como si fueran féretros. La mochila se me encajaba en la espalda, pesada. Había caminado mucho, tanto que lo hacía como un animal que se defiende. Pasó un campesino en su carreta y se detuvo. Me dijo que subiera. Con trabajo me senté a su lado. Calaba frío. Tenía la boca seca, agrietada en la comisura de los labios; la saliva se me había hecho pastosa. Las ruedas se hundían en la tierra dando vuelta lentamente. Pensé que debía hacer el esfuerzo de girar como las ruedas y empecé a balbucear unas cuantas palabras. Pocas. Él contestaba por no dejar y seguimos con una gran paciencia, con la misma paciencia de la mula que nos jalaba por los derrumbaderos, con la paciencia del mismo camino, seco y vencido, polvoroso y viejo, hilvanando palabras cerradas como semillas, mientras el aire se enrarecía porque íbamos de subida –casi siempre se va de subida-, hablamos, no sé, del hambre, de la sed, de la montaña, del tiempo, sin mirarnos siquiera. Y de pronto, en medio de la tosquedad de nuestras ropas sucias, malolientes, el uno junto al otro, algo nos atravesó blanco y dulce, una tregua transparente. Y nos comunicamos cosas inesperadas, cosas sencillas, como cuando aparece a lo largo de una jornada gris un espacio tierno y verde, como cuando se llega a un claro en el bosque. Yo era forastero y sólo pronuncié unas cuantas palabras que saqué de mi mochila, pero eran como las suyas y nada más las cambiamos unas por otras. Él se entusiasmó, me miraba a los ojos, y bruscamente los árboles rompieron el silencio. “Sabe, pronto saldrá el agua de las hendiduras”. “No es malo vivir en la altura. Lo malo es bajar al pueblo a echarse un trago porque luego allá andan las viejas calientes. Después es más difícil volver a remontarse, no más acordándose de ellas”… Dijimos que se iba a quitar el frío, que allá lejos estaban los nubarrones empujándolo y que la cosecha podía ser buena. Caían nuestras palabras como gruesos terrones, como varas resecas, pero nos entendíamos.
Llegamos al pueblo donde estaba el único mesón. Cuando bajé de la carreta empezó a buscarse en todos los bolsillos, a vaciarlos, a voltearlos al revés, inquieto, ansioso, reteniéndome con los ojos: “¿Qué le regalaré? ¿qué le regalo? Le quiero hacer un regalo…” Buscaba a su alrededor, esperanzado, mirando el cielo, mirando el campo. Hurgoneó de nuevo en su vestido de miseria, en su pantalón tieso, jaspeado de mugre, en su saco usado, amoldado ya a su cuerpo, para encontrar el regalo. Miró hacia arriba, con una mirada circular que quería abarcar el universo entero. El mundo permanecía remoto, lejano, indiferente. Y de pronto todas las arrugas de su rostro ennegrecido, todos esos surcos escarbados de sol a sol, me sonrieron. Todos los gallos del mundo habían pisoteado su cara, llenándola de patas. Extrajo avergonzado un papelito de no sé dónde, se sentó nuevamente en la carreta y apoyando su gruesa mano sobre las rodillas tartamudeó:
-Ya sé, le voy a regalar mi nombre.


Elena Poniatowska (Francia-México, 1932)

De noche vienes (1979), México D.F., Ediciones Era, 1985, págs. 16-17

lunes, 5 de junio de 2017

Ya está - Karmelo Iribarren,



Ya poseemos
casi todo
lo que nos iba
a hacer felices.
Puede decirse
que lo hemos
conseguido.

Ya está.

Ahora sólo
nos queda
comprobar
hasta qué punto
fuimos sinceros
con nosotros
mismos.
Karmelo Iribarren,

domingo, 4 de junio de 2017

Revelando a la autora de las fotos perdidas de Barcelona - CARLES COLS

Milagros Caturla formó parte del grupo de fotógrafas que tomaron las calles barcelonesas a finales de los 50, en un coto entonces exclusivamente masculino

1
Revelando a la autora de las fotos perdidas de Barcelona
Milagros Caturla, en el centro, de oscuro y con el brazo apoyado sobre su padre, Luis, y en compañía de sus nueve hermanos y su madre, en los años 30.


Revelando a la autora de las fotos perdidas de Barcelona
Milagros Caturla.
La vida de Milagros Caturla, la autora recién descubierta de aquel conjunto de fascinantes fotografías que un turista estadounidense, Tom Sponheim, compró en los Encants en el 2001, es aún solo como aquel encantador momento del revelado analógico en que el papel se sumerge en la primera de las cubetas y comienza a emerger la imagen del negativo. La luz de la habitación es roja. El retrato solo se intuye, como la propia vida de Milagros, una mujer tocada por la musa de la fotografía si la hubiera (Leica, podría llamarse), de la que aún no se sabe suficiente, pero bastante como para reescribir lo que sucedió en Barcelona en el tránsito de los años 50 a los 60, cuando un grupo de mujeres reivindicó su derecho a ser fotógrafas. Carmen García Pedrosa, una de ellas, le contó en una ocasión a Victòria Bonet, historiadora de la Agrupació Fotogràfica de Catalunya (AFC), que las insultaban cuando salían a la calle con sus cámaras, que les gritaban que se fueran a su casa a lavar los platos. Milagros era una de ellas, pero su obra había caído en el olvido hasta que Sponheim compró por el equivalente a tres dólares y medio nueve sobres de negativos y hasta que Begoña Fernández se tomó ese misterio como si se enfrentara al sabueso de los Baskerville.

Las insultaban en la calle, que se fueran a lavar platos, pero no solo tenían el don de la fotografía, también tenían arrestos

Los datos biográficos, reconstruidos a través del relato de sus sobrinos, trazan un breve perfil sobre Milagros Caturla y, sobre todo, proporcionan un porqué de su brusco y lastimoso paso al olvido.

MUJERES DE LA REPÚBLICA

Era la séptima hija de un teniente coronel de Infantería, Luis Caturla, y de Josefa Soriano. Eran nueve hermanos. Nació en 1920 en Barcelona. Su adolescencia coincidió, pues, con los años de la república. Es solo una suposición, pero debería quedar grabada en su retina la imagen de las mujeres en aquellos años. En el 2015, la editorial La Fábrica publicó una original mirada sobre la historia de esta ciudad. Barcelona retratada por fotógrafos de fama internacional (Avedon, Cartier-Bresson, Gerda Taro, Erwitt…). Una delicia. En las páginas que correponden a los años 30, las barcelonesas son mujeres a menudo modernas, indistinguibles de aquellas que años más tarde mantuvieron Estados Unidos en pie cuando muchos hombres estaban en los frente de guerra.
Texto Alternativo
MILAGROS CATURLA
La primera fotografía que reveló Tom Sponheim de los negativos de Els Encants.
Lo que vino tras 1939, ya se sabe qué fue. Sin embargo, la joven Caturla, aunque de familia conservadora, no quiso participar de ese adocenamiento colectivo que el franquismo impuso a las mujeres. Había estudiado para maestra, pero entró como funcionaria de la Diputación Provincial de Barcelona. Jamás se casó. La fotografía no era una afición barata. El sueldo le permitió comprar una Leica y tener su propio laboratorio de revelado en casa, en el número 212 de la calle de València. El papel fotográfico, los carretes, los líquidos de revelado y fijado… Un lujo entonces.

Ingresó en la Agrupación el mismo año que Joan Colom, en 1957, pero entonces a una mujer no se le permitía pasar del estadio del amateur

Texto Alternativo
MILAGROS CATURLA
Amanecer en la calle del Bisbe.
En su segundo destino en la Diputación, en el departamento de agrimensura, ya tenía contacto con la fotografía, con la aérea, pero lo que deseaba era distinto. Por eso, el 26 de octubre de 1957 ingresa, con el número de socia 1.859, en la Agrupació Fotogràfica de Catalunya. Era un momento efervescente en el número 14 de la entonces calle Duque de la Victoria, donde continúa cerca ya de ser centenaria la agrupación. Aquel mismo año ingresaba como socio Joan Colom. Dos años después, Eugeni Forcano, socio también, presentaba sus primeros trabajos en los llamados salones fotográficos. Antes que ellos, como quien porta una antorcha y marca el camino, estaba el trabajo en la calle de Francesc Català Roca, a quien su especial modo de mirar a través del visor había convertido ya en un reputado fotógrafo. Igual sucedía con Xavier Miserachs. Maestros.

LAS PIONERAS

Pero para las mujeres no fue tan fácil como para Forcano y Colom. La AFC, fundada en 1923, ya había intentado desde el mismo momento de su nacimiento tener un grupo femenino. En 1924 se apuntaron dos, Mercè Villamur y Paulina Macià, pero el proyecto no cuajó. Según el trabajo historiográfico de Bonet, era un flas, no fotográfico, sino de contradicciones, ser la única mujer allí, en un piso de lleno de hombres.
Texto Alternativo
MILAGROS CATURLA
Un contraluz de niños en el patio de una escuela.
La dirección de la agrupación perseveró. En 1956 se organizó un “curso de fotografía femenina”. El título era equívoco. No consistía en fotografiar mujeres, sino en que se situaran detrás de la cámara. No está acreditado que Caturla se inscribiera. Es probable que así fuera. Pero su verdadero maestro es alguien cuyo nombre permanece en la sombra. Una de sus sobrinas le recuerda como alguien con bigote. No es mucha información. Se encerraban en el laboratorio a revelar, un atrevimiento entonces. Es una lástima no saber quién era ese mentor, porque sería posible entonces dilucidar hasta qué punto la alumna dejó atrás a su maestro. Las fotografías de Milagros comenzaron a acumular premios, a veces en concursos solo para mujeres, pero a veces no. En 1961 quedó segunda en el premio fotográfico de las fiestas de Gràcia, solo por detrás de Eugeni Forcano, un artistazo.

Milagros tuvo un mentor, alguien que la inició en los arcanos del revelado. Tenía bigote. No se sabe más

Texto Alternativo
AGRUPACIÓ FOTOGRÀFICA DE CATALUNYA
Una obra de Rosa Szücs del Olmo.
El caso es que de aquella primavera fotográfica femenina de finales de los 50 y amanecer de los 60 había perdurado hasta ahora una lista incompleta de nombres. Milagros Caturla no aparecía al lado de firmas de foto como Montserrat Vidal i Barraquer, Rosa Szücs de Truñó, Roser Oromí, Carmen García Pedrosa (que firmaba en ocasiones, quizá sin desearlo, con el apellido de su esposo, y que solo podía permitirse el precio de su afición con el dinero que ganaba en premios) y Gloria Salas de Vilavecchia, una mujer extraordinaria, a punto de cumplir 102 años de una vida hipervitalista, que no solo destacó por la perfecta composición de sus tomas, sino también porque elevó el trabajo bajo la luz de la ampliadora en una suerte de photoshop artesano único entre sus compañeras. Le pedía a sus tres hijas, Marta, Pilar y Blanca, que entraran en el laboratorio porque seis manos, ocho, con las suyas, ofrecían ilimitadas opciones a la hora de oscurecer o reservar parte de la imagen.
Texto Alternativo
BEGOÑA FERNÁNDEZ DÍEZ
Marta Villavecchia muestra el retrato que le hizo su madre, Gloria Salas, en el Liceu.

Las circunstancias familiares obligaron a Milagros a dejar su piso de la calle de València. Se trasladó a Ciutat Vella, a la calle de Capellans. 
Allí no cabía su laboratorio de revelado. Así de simple, así de triste. El alzhéimer de los últimos años de su vida hizo el resto. Falleció el 28 de marzo del 2008. Al otro lado del Atlántico, Tom ya la buscaba.La obra conjunta de aquellas mujeres despunta por su modernidad. Buena parte de los miembros de la Agrupació Fotogràfica permanecían amarrados en el puerto del pintoresquismo y de la fotografía paisajista. No todos, pero sí muchos, y entonces llegaron ellas, como anticipándose una década, porque no fue hasta finales de los 60 que Roser Martínez Rochina se convirtió en la primera mujer que vivió profesionalmente de la fotografía en Barcelona, un territorio hasta esas alturas del franquismo exclusivamente masculino. Esa, en cualquier caso, es una historia para otra ocasión. Lo que toca aquí y ahora es encontrar una respuesta a ese mutis por el foro de Caturla, ese final borroso que la llevó al olvido, del que solo la rescataron recientemente Tom Sponheim y Begoña Fernández.
CARLES COLS 
Fuentes:
http://www.elperiodico.com/es/noticias/barcelona/revelando-autora-las-fotos-perdidas-barcelona-5942944
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sábado, 3 de junio de 2017

Elizabeth Bishop – El arte de perder




ONE ART
The art of losing isn’t hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster.
Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn’t hard to master.
Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant
to travel. None of these will bring disaster.
I lost my mother’s watch. And look! my last, or
next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn’t hard to master.
I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn’t a disaster.
– Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan’t have lied. It’s evident
the art of losing’s not too hard to master
though it may look like (Write it!) like disaster
Elizabeth Bishop
Un arte
El arte de perder no es difícil adquirirlo.
Tantas cosas parecen empeñadas
en perderse, que su pérdida no es un desastre.
Pierde algo cada día. Acepta el tumulto
de llaves de puertas perdidas, la hora malgastada.
El arte de perder no es difícil adquirirlo.
Practica entonces perder más aún, y más rápido:
lugares, nombres, y el sitio al que se suponía
que viajarías. Nada de esto será un desastre.
Perdí el reloj de mi madre, y -¡mira!- la última, o
penúltima de tres casas que amaba se fue.
El arte de perder no es difícil adquirirlo.
Perdí dos ciudades, ambas adorables. Y, más ampliamente,
algunos sitios de los que era dueña, dos ríos, un continente.
Los echo de menos, pero no fue un desastre.
-Hasta al perderte a ti (la voz bromista, un gesto
de amor) no habré mentido. Es evidente que
el arte de perder no es demasiado difícil de adquirir
aunque parezca por momentos (¡Escríbelo!) un desastre.
Elizabeth Bishop
Este arte de perder
No, no es difícil adquirir el arte de perder:
hay tantas cosas empeñadas en
perderse, que su pérdida no importa.
Pierde algo cada día, acepta el río
de llaves que se pierden, horas malgastadas.
No, no es difícil adquirir el arte de perder.
Practica entonces perder más, más rápido:
nombres, lugares, ¿para adónde ibas?
Ninguna de estas cosas es desastre.
Perdí el reloj de mi madre, y -fíjate- la última
o la penúltima casa querida que tuve.
No, no es difícil adquirir el arte de perder.
Perdí mis dos adoradas ciudades, e incluso
algunos sitios de los que era dueña, dos ríos, un continente.
Los echo de menos, pero no es un desastre.
-Incluso si te pierdo a ti (tu voz bromista, esos gestos
que adoro) no habré mentido. Es obvio
que el arte de perder no cuesta ni tanto adquirirlo
aunque por momentos parezca que (¡escríbelo!) sí es un desastre.
Elizabeth Bishop