Ara mateix


Cridem qui som i que tothom ho escolti.
I en acabat, que cadascú es vesteixi
com bonament li plagui, i via fora!,
que tot està per fer i tot és possible.


Miquel Martí i Pol

jueves, 14 de septiembre de 2017

martes, 12 de septiembre de 2017

Recomendando:Txema Anguera


al poeta, que se beba la libertad, hasta el delirio.
a la libertad, que ejerza todos sus derechos.
al derecho, que se imponga ante todo.
a la canción, una sutil forma de arma arrojadiza.
a la cultura, !!! seriedad señora, seriedad !!!
a la alegría, que se transforme en tsunami a escala mil millones.
a los jueces, que nivelen la balanza en "Arcas y básculas Soler".
a la juventud, la defensa de la vida ante sus jueces.
al viejo, no pedir nunca perdón por sus errores
y que denuncie a la vejez en el primer juzgado de guardia.
al recuerdo, que no sea malo.
al sueño, que perdure en la memoria, hasta dejar de serlo.
Para seguir viviendo, rastrear en las locuras cometidas, a ser posible revivirlas, sin prejuicios, sin dudarlo y si dicen, que digan.

lunes, 11 de septiembre de 2017

HACIENDO MEMORIA DE SALVADOR ALLENDE - Pablo Neruda


El 11 de septiembre de 1973 es fecha para no olvidar jamás.
La recordamos con estos palabras de Pablo Neruda, escritas a los tres días del golpe de Estado que acabó en Chile con el gobierno de la Unidad Popular presidido por Salvador Allende.

"Mi pueblo ha sido el más traicionado de este tiempo.
De los desiertos del salitre, de las minas submarinas del carbón , de las alturas terribles donde yace el cobre y lo extraen con trabajos inhumanos las manos de mi pueblo, surgió un movimiento liberador de magnitud grandiosa. Ese movimiento llevó a la presidencia de Chile a un hombre llamado Salvador Allende, para que realizara reformas y medidas de justicia inaplazables, para que rescatara nuestras riquezas nacionales de las garras extranjeras.
Donde estuvo, en los países más lejanos, los pueblos admiraron al presidente Allende y elogiaron el extraordinario pluralismo de nuestro gobierno . Jamás en la historia de la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, se escuchó una ovación como la que le brindaron al presidente de Chile los delegados de todo el mundo. Aquí en Chile se estaba construyendo, entre inmensas dificultades, una sociedad verdaderamente justa, elevada sobre la base de nuestra soberania, de nuestro orgullo nacional, del heroísmo de los mejores habitantes de Chile. De nuestro lado, del lado de la revolución chilena, estaban la Constitución y la ley, la democracia y la esperanza.
Del otro lado no faltaba nada. Tenían arlequines y polichinelas, payasos a granel, terroristas de pistola y cadena, monjes falsos y militares degradados. Unos u otros daban vueltas en el carrusel del despecho. Iban tomados de la mano el fascista Jarpa con sus sobrinos de Patria y Libertad, dispuestos a romperles la cabeza y el alma a cuanto existe, con tal de recuperar la gran hacienda que ellos llamaban Chile. Junto con ellos, para amenizar la farándula, danzaba un gran banquero y bailarín , algo manchado de sangre; era el campeón de rumba González Videla, que rumbeando entregó hace tiempo su partido a los enemigos del pueblo. Ahora era Frei quien ofrecía su partido demócrata - cristiano a los mismos enemigos del pueblo, y bailaba además con el ex coronel Viaux, de cuya fechoría fue cómplice. Estos eran los principales artistas de la comedia. Tenían preparados los viveros del acaparamiento, los miguelitos, los garrotes y las mismas balas que ayer hirieron de muerte a nuestro pueblo en Iquique, en Ranquil, en Salvador, en Puerto Montt, en la Jose María Caro, en Frutillar, en Puente Alto y en tantos otros lugares. Los asesinos de Hernán Mery bailaban con naturalidad santurronamente. Se sentían ofendidos de que les reprocharan esos pequeños detalles.
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Chile tiene una larga historia civil con pocas revoluciones y muchos gobiernos estables, conservadores y mediocres. Muchos presidentes chicos y sólo dos presidentes grandes: Balmaceda y Allende. Es curioso que los dos provinieran del mismo medio, de la burguesía adinerada, que aquí se hace llamar aristocracia. Como hombres de principios, empeñados en engrandecer un país empequeñecido por la mediocre oligarquía, los dos fueron conducidos a la muerte de la misma manera. Balmaceda fue llevado al suicidio por resistirse a entregar la riqueza salitrera a las compañías extranjeras.
Allende fue asesinado por haber nacionalizado la otra riqueza del subsuelo chileno, el cobre. En ambos casos la oligarquía chilena organizó revoluciones sangrientas. En ambos casos los militares hicieron jauría. Las compañías inglesas en la ocasión de Balmaceda, las norteamericanas en la ocasión de Allende, fomentaron y sufragaron estos movimientos militares.
En ambos casos las casas de los presidentes fueron desvalijadas por órdenes de nuestros distinguidos aristócratas. Los salones de Balmaceda fueron destruidos a hachazos. La casa de Allende, gracias al progreso del mundo, fue bombardeada desde el aire por nuestros heroicos aviadores. Sin embargo, estos dos hombres fueron muy diferentes. Balmaceda fue un orador cautivante. Tenía una complexión imperiosa que lo acercaba más al mando unipersonal. Estaba seguro de la elevación de sus propósitos. En todo instante se vió rodeado de enemigos. Su superioridad sobre el medio en que vivía era tan grande, y tan grande su soledad, que concluyó por reconcentrarse en sí mismo. El pueblo que debía ayudarle no existía como fuerza, es decir, no estaba organizado. Aquel presidente estaba condenado a conducirse como iluminado , como un soñador: un sueño de grandeza se quedó en sueño. Después de su asesinato, los rapaces mercaderes extranjeros y los parlamentarios criollos entraron en posesión del salitre: para los extranjeros, la propiedad y las consesiones ; para los criollos las coimas. Recibidos los treinta dineros todo volvió a su normalidad. La sangre de unos cuantos miles de hombres del pueblo se secó pronto en los campos de batalla. Los obreros más explotados del mundo, los de las regiones del norte de Chile, no cesaron de producir inmensas cantidades de libras esterlinas para la City de Londres.
Allende nunca fue un gran orador. Y como estadista era un gobernante que consultaba todas sus medidas. Fue el antidictador, el demócrata principista hasta en los menores detalles. Le tocó un país que ya no era el pueblo bisoño de Balmaceda; encontró una clase obrera poderosa que sabía de qué se trataba. Allende era dirigente colectivo; un hombre que, sin salir de las clases populares, era un producto de la lucha de esas clases contra el estancamiento y la corrupción de sus explotadores. Por tales causas y razones, la obra de que realizó en tan corto tiempo es superior a la de Balmaceda; más aun, es la más importante en la historia de Chile. Sólo la nacionalización del cobre fue una empresa titánica, y muchos objetivos más se cumplieron bajo su gobierno de esencia colectiva.
Las obras y los hechos de Allende, de imborrable valor nacional, enfurecieron a los enemigos de nuestra liberación. El simbolismo trágico de esta crisis se revela en el bombardeo del Palacio de Gobierno; uno evoca la Blitz Krieg de la aviación nazi contra indefensas ciudades extranjeras, españolas, inglesas, rusas; ahora sucedía el mismo crimen en Chile; pilotos chilenos atacaban en picada el palacio que durante siglos fue el centro de la vida civil del país.
Escribo estas rápidas líneas para mis memorias a sólo tres dias de los hechos incalificables que llevaron a la muerte de mi gran compañero el presidente Allende. Su asesinato se mantuvo en silencio; fue enterrado secretamente; sólo a su viuda le fue permitido acompañar aquel inmortal cadaver. La versión de los agresores es que hallaron su cuerpo inerte, con muestras de visible suicidio. La versión que ha sido publicada en el extranjero es diferente. A reglón seguido del bombardeo aéreo entraron en acción los tanques , muchos tanques, a luchar intrépidamente contra un solo hombre: el Presidente de la República de Chile, Salvador Allende, que los esperaba en su gabinete, sin más compañía que su corazón , envuelto en humo y llamas.
Tenían que aprovechar una ocasión tan bella. Había que ametrallarlo porque nunca renunciaría a su cargo. Aquel cuerpo fue enterrado secretamente en un sitio cualquiera. Aquel cadáver que marchó a la sepultura acompañado por una sola mujer que llevaba en sí misma todo el dolor del mundo, aquella gloriosa figura muerta iba acribillada y despedazada por las balas de las metralletas de los soldados de Chile, que otra vez habían traicionado a Chile"

Pablo Neruda
Confieso que he vivido. Chile, 14 de septiembre de 1973

Fuentes:

domingo, 10 de septiembre de 2017

En mi ciudad algún día - José Agustín Goytisolo


Yo viviré algún día
el rojo vino; el aire
de tu recuperada
libertad y saldré
por tus calles cantando
cantando hasta quedarme
sin voz -porque serás
de nuevo y para siempre-
albergue de extranjeros
hospital de los pobres
patria de los valientes
tú, Laye, mi ciudad.

José Agustín Goytisolo
. Claridad (1961-1998).



sábado, 9 de septiembre de 2017

La Cantata Popular Santa María de Iquique


Los acontecimientos que culminaron en la trágica matanza de la Escuela Santa María de Iquique, el 21 de diciembre de 1907, instituyeron unos de los hitos más emblemáticos del movimiento obrero chileno.
En 1907 miles de mineros chilenos fueron a la huelga contra las brutales condiciones de opresión y explotación. El gobierno y la patronal, ante la negativa de los huelguistas a volver al trabajo, asesinaron a 3.600 obreros y sus familias.
Este suceso se convirtió en un símbolo de la lucha de clases y de la brutalidad de la clase dominante, transformándose en una referencia para muchos intelectuales y también para los artistas que lo transformaron en cantata popular, la cual se conserva en la memoria del pueblo trabajador chileno.
Corría el año 1907 y la ciudad de Iquique, al norte del país , se hallaba sacudida por una serie de conflictos debido a la fuerte devaluación del peso y el aumento de precios. En este contexto, el 10 de diciembre, estalla la huelga salitrera en la oficina San Lorenzo, propagándose rápidamente a todo el cantón de San Antonio.


Cinco días después, una columna de más de dos mil obreros - entre ellos trabajadores peruanos, bolivianos y argentinos- junto a sus familias, hartos de las condiciones de trabajo esclavizantes, marchó a Iquique para exigir mejoras salariales y laborales. Caminaron con la firme decisión de permanecer en la ciudad hasta que las compañías salitreras - de capitales ingleses- dieran respuesta a sus peticiones.

Muchos gremios de Iquique se sumaron al movimiento huelguístico. Todos los cantones salitreros fueron al paro y, periódicamente, cientos de mineros llegaban a la ciudad. Los huelguistas oscilaban entre 15 mil a 23 mil personas, lo que implicó que tanto las actividades del puerto, como la producción minera de toda la región, quedaran paralizadas por completo.
El rechazo de las compañías a negociar mientras los mineros no volvieran trabajo, hizo que la intervención del Estado fuera sanguinaria. El intendente Carlos Eastman decretó restricciones a la libertad de tránsito y ordenó a los mineros y sus familias a abandonar Iquique el 21 de diciembre, amenazando con aplicar la fuerza de ser necesario. El gobierno ya había lanzado la advertencia y apostado una numerosa tropa de línea y tres buques de guerra.
Ante la negativa de los huelguistas a desalojar la Escuela Santa María, en donde permanecían desde hacía una semana, el 21 de diciembre, el general Roberto Silva Renard ordenó a sus tropas abrir fuego en contra de la multitud. Más de 3. 600 obreros y sus familias fueron asesinados y los sobrevivientes fueron enviados de regreso a las oficinas o subidos a un barco rumbo a Valparaíso.
Luego de la Matanza las autoridades dispusieron el cierre de periódicos populares como El Pueblo Obrero y El Trabajo, con el objetivo de acallar las denuncias de los trabajadores e impedir la difusión de ideas revolucionarias.
En la pampa se desplegó un orden represivo tendiente a imponer el orden social y evitar el surgimiento de nuevos movimientos de protesta. Las autoridades de gobierno dispusieron un sistema de control y represión que se extendió a otras localidades como Antofagasta.
En 1920 el movimiento obrero disminuyó sus movilizaciones y redefinió sus estrategias. Obtenidos logros como la promulgación de las leyes sociales y el Código del Trabajo entre 1925 y 1931, algunos sindicatos y federaciones optaron por el sistema de representación a través de partidos políticos.



cantata popular 

"La cantata", nombre con el que se le conoce popularmente, es una de las principales obras musicales en la historia de la música popular chilena. es una de las obras musicales emblemáticas de la Nueva Canción Chilena. En ella se fundieron elementos musicales propios del folclor más elementos de la música docta y un contenido de denuncia social, que configuraron un disco conceptual cuyo género sería reconocido en el tiempo como "cantata". En esta relación entre música docta y popular folclórica tuvo importante injerencia el compositor Sergio Ortega, quien también realizó trabajos conjuntos con Quilapayún e Inti Illimani, conjunto que interpretó su obra, compuesta junto a Luis Advis, Canto al programa. Por otra parte, las obras de largo aliento, con un concepto central, tuvieron expresión en composiciones como Oratorio para el pueblo, de Ángel Parra, y Sueño americano, de Patricio Manns.
Quilapayún

Los orígenes de la cantata Santa María se remontan al año 1968, cuando en los primeros meses el compositor Luis Advis escribió una serie de veinte poemas luego de un viaje a Iquique. A fines del mismo año, Advis fue requerido por el Instituto de Teatro de la Universidad de Chile para que escribiera la música de la obra de Isidora Aguirre, Los que van quedando en el camino, que trataba sobre una matanza de campesinos. Fue este el principal antecedente inspirador para la posterior composición.

Luis Advis
En 1969 Luis Advis conoció al conjunto Quilapayún y en noviembre del mismo año compuso la obra, basada en aquellos poemas, en su experiencia para la obra de teatro y apoyándose en el libro Reseña histórica de Tarapacá. La temática trataba sobre una matanza ocurrida en la Escuela Santa María de Iquique en 1907. Contactó al conjunto, les facilitó el texto, y luego de aplicados ensayos estuvieron listos para presentarla a mediados del año 1970.

El estreno de la Cantata Popular Santa María de Iquique se realizó en agosto de 1970, en el marco del 2° Festival de la Nueva Canción Chilena, realizado en el entonces llamado Estadio Chile, actual Estadio Víctor Jara. La interpretación estuvo a cargo del grupo Quilapayún y la narración, en la voz del actor Marcelo Romo. Un mes antes la habían grabado para el sello Dicap con la voz de Héctor Duvauchelle, versión que sería la más conocida. Posteriormente fue interpretada, en variadas oportunidades, con la voz del también actor Roberto Parada.

Debido a la gran carga política que contenía, las copias de la Cantata fueron requisadas y destruidas con la instauración del Régimen Militar de Chile, instalado en el poder tras el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 que derrocó a Allende. Quilapayún debió partir al exilio a Europa,

Con el retorno de la democracia, Quilapayún regresa a Chile. El 1 de noviembre de 1997, en un histórico concierto, Quilapayún interpretó la Cantata en la oficina salitrera Santa Laura, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. En el concierto participaron Daniel ValladaresRodolfo ParadaPatricio WangHugo LagosGuillermo García y Hernán Gómez como miembros de Quilapayún, más la chelistaGabriela Olivares y Héctor Noguera como relator. En 1999, la división gubernamental de Cultura y la SCD publicaron una colección de partituras de canciones chilenas, donde incluyeron la Cantata.
En 2007, en la conmemoración del centenario de la matanza que dio origen a la cantanta, se lanzaron varias nuevas interpretaciones de la obra. Una de ellas fue en la actual Escuela Domingo Santa María, en donde la interpretó el grupo la Trova de Iquique y el relator fue el profesor Mario Villalba Pedreros

La Cantata está estructurada en dieciocho partes, que incluyen cinco relatos sin musicalización, un preludio y tres interludios sólo con la presencia musical, dos pregones y siete canciones, cuyos ritmos e instrumentalización varían notablemente para dar énfasis al tema tratado en cada canción



Fuentes



viernes, 8 de septiembre de 2017

Todos son inocentes - Javier Suarez


Este que tienen delante

se llama Miguel Serrano
y Fifteen que da la mano
a su amigo cooperante

Es paisano solidario
una persona sensible
que nos cuenta lo terrible
de este mundo estrafalario

Llegó de Sierra Leona
donde el Ébola hace estragos
y aunque allí casi son magos
tuvo que evacuar la zona

Hoy la alerta es por la vida
por matar al virus fiero
así que aporten dinero
para parar la envestida

Para vencer esta lucha
donde se da la batalla
tenemos que dar la talla
y rascarnos más la hucha

En este planeta pasa
allí mata a los humanos
y o juntamos nuestras manos
o lo tendremos en casa

Enviemosle medicina,
guantes, mascaras, comida
todo por salvar su vida
y frenar la escabechina

y cuando al Ébola acabe
demos caña a la malaria
que también es planetaria
y que no nos menoscabe

que Finteen venga corriendo
con la sonrisa en su cara
con esa mirada clara
y feliz de estar viviendo

Sépanlo todas las gentes
que Fifteen quiere estudiar
y debemos ayudar
a Todos son inocentes

Javier Suarez

http://recetasdesupervivencia.blogspot.com.es/

Enlaces

jueves, 7 de septiembre de 2017

CRÍTICAS DE CINE : PATRIA - EULÀLIA IGLESIAS

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"Queríamos hacer el 'Braveheart' catalán... pero no lo hemos conseguido". Con este punto de autoironía introduce Joan Frank Charansonnet 'Pàtria', un ambicioso proyecto cinematográfico que empezó a gestar cuando todavía estudiaba interpretación junto a su colega y protagonista del filme, Miquel Sitjar. El William Wallace que inspira esta producción de aires épicos es en este caso un personaje de leyenda del siglo VIII, Otger Cataló, una figura a la que se atribuye la reconquista de los territorios que hoy conformarían en buena parte Cataluña, en esos momentos ocupados por los sarracenos. En su empresa, Cataló habría contado con la ayuda de nueve nobles movidos por los mismos ideales, los llamados Barones de la Fama. Según la fábula, el apellido del libertador habría dado nombre al país actual.

Hay referencias a la historia de Cataló en textos del siglo XV, pero fue durante la Renaixença, la variante catalana de los resurgimientos nacionalistas que se vivieron a lo largo de Europa a partir del Romanticismo, cuando fue recuperada por autores como Jacint Verdaguer. Sin embargo, este supuesto héroe de la patria no ha calado en la cultura popular catalana como otros personajes similares de tintes más o menos legendarios, estilo Guifré el Pilós o el Conde Arnau, con el que se intenta emparentar por otra parte a uno de los barones en cuestión.
Según los relatos, Otger sería un caballero de origen gascón que, malherido en una batalla contra los sarracenos, consiguió sobrevivir él solo en una cueva. Una vez recuperado, se preparó para retomar las armas. Antes llamó al combate haciendo resonar un cuerno desde las montañas. A su llamada acudieron los nueve caballeros que bajo el liderazgo de Otger consiguieron recuperar las tierras de la ocupación musulmana.

A partir de este material más bien escaso y, por tanto, de lo más moldeable de cara a la ficción, Charansonnet se propuso armar esa gran película épica de la que carece el cine catalán. Un propósito tan encomiable como cualquier otro, pero que topó con un inconveniente mayor en un proyecto de este tipo, el presupuesto. Aunque a primera vista pueda parecer que la historia del filme sintoniza de la manera más oportuna con el sentimiento independentista actual de buena parte de los catalanes, 'Pàtria' no ha gozado ni de subvenciones públicas, ni de apoyo institucional ni de la habitual ayuda por parte de TV3 al cine en catalán. El presupuesto final de 250.000 euroscon el que, según Charansonnet, se ha levantado la película proviene en su totalidad de la financiación privada y de una campaña de micromecenazgo.

A partir de aquí, 'Pàtria' podría haber funcionado como un filme épico de pequeño formato. Al fin y al cabo, como también recuerda su director, los territorios donde se sitúa la historia estaban escasamente poblados en aquella época y las batallas no implicaban a ejércitos muy numerosos. No hacía falta, por tanto, pensar en una recreación histórica que moviera a millares de extras ni en confrontaciones bélicas de altos vuelos.

Sus responsables han intentado compensar la falta de medios con algunas pinceladas que pretenden darle empaque a la producción. No le faltan a 'Pàtria' tomas aéreas del espectacular paisaje de la Cataluña vieja, ni ralentís en los momentos cruciales de las contiendas ni una banda sonora altisonante. Pero estos recursos acaban subrayando más que compensando la precariedad económica del proyecto, son la prueba evidente del quiero y no puedo de 'Pàtria' como producción.

Charansonnet ha planteado su película a dos tiempos. Por un lado, despliega la historia de Otger Cataló. Por el otro, imagina la construcción de la leyendaen sí a través del cronista que la plasma negro sobre blanco en el siglo XV. Buena parte del primer arco narrativo quiere entroncar, más que con 'Bravehart', con adaptaciones cinematográficas del ciclo artúrico estilo 'Excalibur', de John Boorman. A Otger se le envuelve, de forma literal, de un áurea mágica y un imaginario que recuerda ciertas leyendas celtas. La llamada a los caballeros que acaban conformando su círculo también está teñida de un supuesto tono trascendental color fosforito. La aparición de los nueve barones dispersa la narración y pone en evidencia hasta qué punto cada vez más el cine sueña con ser televisión: la multiplicación de personajes, cada uno con su relato propio, daría para una serie. Aunque sus presentaciones son, básicamente, un compendio de lugares comunes de la ficción de aires medievales con sus tabernas roñosas, quemas de brujas y granjeros aguerridos.

El punto más bajo, sin embargo, se alcanza en la historia que implica al emir sarraceno, un refrito de esos relatos en torno a hombres árabes que raptan mujeres cristianas con fines lúbricos. Por el otro lado, la trama en torno al cronista que fija la leyenda de Otger bebe de la fascinación por las historias ambientadas en monasterios, con sus intrigas internas y su reivindicación del poder de la narración oral que debe transmitirse a lo largo de la Historia a través de la escritura.
'Pàtria' asume de forma explícita su condición de filme épico de bajo presupuesto basado en leyendas populares. Pero la falta de apoyo financiero no justifica una puesta en escena también en exceso precaria y la práctica poco imaginativa del pastiche de inspiración medieval.

La película tampoco resulta demasiado sutil en su voluntad de ser leída en presente. Durante buena parte del metraje, se alude a los sarracenos de manera indirecta, con expresiones del tipo "los invasores", "los ocupantes", o aquellos que sangran a la población a través de los impuestos, de manera que el espectador puede atribuir la nacionalidad o categoría que más le apetezca a estos significantes. Más allá de su vocación y sus metáforas políticas de corto alcance, 'Pàtria' se queda lejos de cubrir ese supuesto hueco en el panorama catalán en lo que a cine épico basado en mitos fundacionales se refiere. Y aunque resulta deseable que cualquier cinematografía se nutra de películas de todo calibre, la verdad es que esta carencia tampoco nos preocupa demasiado.


EULÀLIA IGLESIAS

Fuentes:

martes, 5 de septiembre de 2017

En defensa del periodismo - Jordi García-Soler




Periodismo es publicar aquello que alguien no quiere ver publicado; lo demás son relaciones públicas”. Resulta muy oportuno recordar esta lúcida definición escrita por George Orwell, en especial después de los inadmisibles ataques contra El Periódico de Catalunya, su director, Enric Hernández, y su redactor Lluís Mauri, citados en una vergonzosa conferencia de prensa por el consejero de Interior de la Generalitat, Joaquim Forn, y el mayor de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluís Trapero, y que han tenido y siguen teniendo continuidad en las redes y también en algunos medios de comunicación, sobre todo catalanes pero también en algunos del resto de España.


La citada frase del autor, entre otros, de libros tan recomendables como 1984, Homenaje a Cataluña o Rebelión en la granja, viene a reivindicar la exigencia de un periodismo realmente libre, que es el que ha practicado El Periódico de Catalunya al publicar una noticia relevante –el comunicado de los servicios antiterroristas de Estados Unidos que el 25 de mayo pasado alertaba a los Mossos d’Esquadra de un posible atentado yihadista en la Rambla de Barcelona durante este verano- que no dieron a conocer en su momento para no crear una falsa alarma ciudadana, previa confirmación de su información y a petición de altas autoridades del Govern de la Generalitat –entre ellas, al parecer, el mismo presidente Carles Puigdemont.
No se entiende que Trapero haya dilapidado en pocos minutos su prestigio acumulado

Aquel aviso de posible atentado terrorista en la Rambla de Barcelona, impreciso y sin ninguna referencia concreta a partir de la cual pudiese iniciarse una investigación policial preventiva, no fue atendido por los Mossos d’Esquadra. Tampoco le dieron mayor importancia el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), la Policía Nacional ni la Guardia Civil. Parece evidente que en nada influyó todo esto en la trágica realidad del pasado día 17 de agosto en los brutales atentados terroristas cometidos en Barcelona y Cambrils.

¿Por qué, entonces, el consejero Joaquim Forn Forn y el mayor Josep Lluís Trapero, siguiendo el camino iniciado poco antes por el propio presidente Carles Puigdemont, se empeñaron en negar la existencia del aviso estadounidense, aunque de alguna manera acabasen reconociendo que sí lo habían recibido?

Más aún, ¿por qué arremetieron con tanta saña contra El Periódico de Catalunya y en concreto contra Enric Hernández y Lluís Mauri? ¿Por qué un personaje como Josep Lluís Trapero Trapero, que en sus anteriores conferencias de prensa se había ganado un merecido prestigio como experto policial en gestión de la comunicación de crisis, se comportó como lo hizo, muy crispado y con un lenguaje no ya político sino partidista, dilapidando en muy pocos minutos gran parte del prestigio anteriormente ganado?


La campaña emprendida contra El Periódico de Catalunya, Enric Hernández y Lluís Mauri no solo en las redes sino también en diversos medios de comunicación, no solo privados sino también algunos de los públicos, es una auténtica campaña contra el periodismo, contra la libertad de información. Sorprende observar cómo, al menos hasta este momento, ni el Col.legi de Periodistes de Catalunya ni el Sindicat de Periodistes de Catalunya, a diferencia de lo que hizo ya días atrás la Federación de Asociaciones de Prensa de España, no hayan salido aún a rechazar esta campaña, iniciada –conviene recordarlo de nuevo- por todo un consejero de Interior de la Generalitat y por el mayor de los Mossos d’Esquadra.

Para terminar, otra contundente frase de George Orwell: “La libertad es el derecho a decirle a la gente lo que no quieren escuchar”.

Jordi García-Soler

Fuentes: