Osel el niño lama





En lo  años 80, su historia llenó páginas y páginas de diarios y revistas. Con 14 meses de vida, Osel Hita Torres, un niño nacido al Alpujarra granadina, fue declarado la reencarnación del lama budista Yeshe, del cual sus padres eran admiradores. Conocido como el niño lama en todo el mundo,  Osel, vestido con la tradicional vestimenta budista roja y amarilla, ingresó en un monasterio de India con 18 meses y no lo abandonó definitivamente hasta que hizo 18 años, cuando decidió que quería experimentar el mundo occidental con todas sus implicaciones. Después de que durante mucho de tiempo su historia lo hayan explicado los medios, el niño lama, ahora ya un adulto de 37 años y padre de un hijo de cinco años, ha decidido compartir su experiencia con la serie documental Osel en  HBO Max

"Yo ya ni soy un niño ni me identifico como lama, pero la gente me continúa denominando el niño lama", explica al AHORA Osel Hita Torres, que confiesa que una de sus esperanzas es que la docusèrie haga que los espectadores vayan más allá de la etiqueta que se popularizó en su infancia. La producción hace un repaso a la historia de Osel, el quinto de nuevo hermanos, desde antes de su nacimiento hasta la actualidad. Así, el primer capítulo sirve para poner en contexto la cultura hippie de la cual formaban parte sus padres y su fe budista, un elemento clave para comprender por qué accedieron al hecho que su hijo viviera en un monasterio y tuviera un contacto esporádico con su familia. Lucas Figueroa, director de la serie, asegura que su intención ha estado narrar los hechos dejando de banda los prejuicios y las ideas preconcebidas respecto a los padres del niño lama. "No queríamos juzgar los padres ni nadie. Para mí explicar una historia tan densa y con tantas capas sin tener un posicionamiento claro de quien es el bono y quién es el malo es un mérito", remarca.

Con nueve años,  Osel consiguió grabar una casete que envió a su madre en que le pedía que lo sacara del monasterio, una necesidad que experimentó en varias ocasiones a lo largo del tiempo que estuvo retirado. "El tiempo era infinito, los según eran como años. Esto, para mí, era lo más duro. Todo era siempre igual, incluso la comida: arroz, lentejas y verduras, cada día, rememora Osel. Durante su tiempo al monasterio fue adorado como una divinidad, nadie podía tener contacto físico con él salvo que él les diera permiso, comía solo y estaba sometido a largas jornadas de estudio.

El Osel pudo hacer algunas visitas en España para ver su familia, unos viajes que hacían que la reintegración en la vida monástica fuera muy difícil. Con 16 años consiguió que le dieran un permiso especial para estarse tres meses con su madre, que se había trasladado a vivir en Ibiza. La vida en la isla encendió el chispazo del deseo de trasladarse en Occidente y descubrir un mundo que le era totalmente ajeno. "La primera tarde que estuve en Ibiza mi madre me llevó en una playa nudista, y, por la noche, a la gala de la juventud de la discoteca Pacha. Pasé de un monasterio donde ni siquiera había música a aquello", explica Osel, que recuerda que fue en aquel momento cuando se le empezaron a romper muchos esquemas.

Para volver al mundo occidental tuvo que esperar hasta la mayoría de edad, cuando teóricamente ya podía decidir por él mismo que quería hacer. Explica que su salida del monasterio fue, en realidad, una fuga: "Padí permiso para ir a visitar mi familia y me pidieron que prometiera que volvería. Yo dije: «Prometo volver», pero en mi cabeza dije «pero de aquí 10 años». Y lo hice, volví después de siete años". Cuando se le plantea que las normas del monasterio pueden recordar las de una secta, tiene una respuesta rápida: "Todas las religiones empezaron como una secta y, para mí, esto no tiene relevancia. Para mí, lo importante es el que representa cada religión, los valores de amor, respeto y humildad".

En su nueva vida, Osel descubrió los cabellos largos –llevaba la cabeza  rapada desde bebé–, los tatuajes, la música trance y las fiestas en la playa en que se podía pasar horas tocando los tambores. Con unos padres abiertos al hecho que su hijo experimentara, inició un viaje para descubrirse a él mismo que lo llevó a vivir un tiempo en las calles de Italia. Además, decidió alejarse de cualquier contacto con los medios de comunicación: "No tenía mucho interés a exponerme porque sabía que no me entenderían porque ni yo mismo me entendía".

 

Osel, que ahora se dedica al activismo medioambiental con una organización que se dedica a plantar árboles, asegura que su infancia no fue emocionalmente estable porque siempre estaba rodeado de gente diferente. A pesar de todo, no tiene rencor a sus padres por la decisión que tomaron. Eso sí, hay una cosa que tiene muy clara: "Con mi hijo no haría el mismo que hicieron ellos ni en un millón de vidas"



Fuentes

https://www.ara.cat/media/series/nen-lama-canviar-monestir-budista-discoteques-d-eivissa_1_4524831.html?utm_medium=social&utm_campaign=echobox&utm_source=Facebook&fbclid=IwAR0VREzMAOjYqi1Kbzu0XQnDe3Ks43Nma5SGkM1hQofP8rcDye89x6Zvh2c#Echobox=1666544129

https://www.elmundo.es/loc/famosos/2022/11/03/6362a924fdddff11098b45a7.html

https://www.eldebate.com/gente/20221104/asi-cambiado-vida-osel-hita-nino-lama-espanol-dejo-todo-irse-ibiza_70429.html

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