Ara mateix


Cridem qui som i que tothom ho escolti.
I en acabat, que cadascú es vesteixi
com bonament li plagui, i via fora!,
que tot està per fer i tot és possible.


Miquel Martí i Pol

jueves, 4 de septiembre de 2014

Asesinato de Victor Jara


"Ay, canto, qué mal me sales
cuando tengo que cantar espanto.
Espanto como el que vivo
como que muero, espanto.

Del verme entre tantos y tantos
momentos de infinito
en que el silencio y el grito
son las metas de este canto.

Lo que veo nunca vi,
lo que he sentido y lo que siento
hará brotar el momento..."


Victor Jara


En la mañana del 11 de septiembre de 1973, Víctor Jara tenía planificado cantar en un acto de Salvador Allende en el campus de la Universidad Técnica del Estado (UTE), los organizadores del acto de Allende le preguntaron si no sabía lo que estaba pasando. “Claro que sé, pero oí por la radio Magallanes que había que ir a sus puestos de trabajo. Bueno, yo trabajo acá y acá estoy”, respondió el cantautor, que también era director teatral de la UTE



En la madrugada del 12, los militares asaltaron a balazos la Universidad Técnica del Estado  UTE y a punta de metralletas sacaron del campus a los detenidos y los llevaron al Estadio Chile.
Cansados y con sus manos entrelazadas en la nuca, los 600 académicos, estudiantes y funcionarios de la Universidad Técnica del Estado (UTE) tomados prisioneros por los militares golpistas iban entrando al Estadio Chile. Un oficial con lentes oscuras, rostro pintado, metralleta terciada, granadas colgando en su pecho, pistola y cuchillo corvo en el cinturón, observaba desde arriba de un cajón a los prisioneros. Con voz estentórea, el oficial repentinamente gritó al ver a un prisionero de pelo ensortijado:



-¡A ese hijo de puta me lo traen para acá! -gritó a un conscripto, recuerda el abogado Boris Navia, uno de los que caminaba en la fila de prisioneros.
"¡A ese huevón!, ¡a ése!", le gritó al soldado, que empujó con violencia al prisionero. "¡No me lo traten como señorita, carajo!", espetó insatisfecho el oficial. Al oír la orden, el conscripto dio un culatazo al prisionero, que cayó a los pies del oficial.
-¡Así que vos sos Víctor Jara, el cantante marxista, comunista concha de tu madre, cantor de pura mierda! -gritó el oficial. "Lo golpeaba, lo golpeaba. Una y otra vez. En el cuerpo, en la cabeza, descargando con furia las patadas. Casi le estalla un ojo. Víctor sonreía. Él siempre sonreía, tenía un rostro sonriente, y eso descomponía más al facho. De repente, el oficial desenfundó la pistola, golpeándolo con el cañón del arma. Le rompió la cabeza y el rostro de Víctor quedó cubierto por la sangre que bajaba desde su frente"


Los prisioneros se habían quedado pasmados mirando la escena. Cuando el oficial, (conocido como El Príncipe), se cansó de golpear, ordenó a los soldados que pusieran a Jara en un pasillo y que lo mataran si se movía.
"Cuando llegaron más prisioneros y los soldados fueron a recibirlos, Víctor se quedó sin custodia. Entre varios lo arrastramos adonde estábamos y comenzamos a limpiar sus heridas. Llevaba casi dos días sin comida ni agua", dice Navia. Un detenido consigue que un soldado le regale un tesoro: un huevo crudo. Se lo dan a Jara. Con un fósforo, el cantautor perfora el huevo en ambos extremos y lo sorbe. "Nos dijo que así aprendió en su tierra a comer los huevos", recuerda.
A Jara le vuelven las energías. "Mi corazón late como campana", dice. Y habla, de Joan y sus hijas. Víctor pide lápiz y papel. Navia le pasa una libreta pequeña de apuntes, que hoy conserva la Fundación Víctor Jara como pieza de museo. Escribe con dificultad sus últimos versos: "Canto que mal que sales / Cuando tengo que cantar espanto / Espanto como el que vivo / Espanto como el que muero".


“Normalmente en el estadio anunciaban por los altavoces el apellido del prisionero ordenándole presentarse en tal o cual lugar. Pero a Jara lo vino a buscar un soldado. En este momento Víctor estaba sentado entre Boris Navia, jurista de la Universidad, y yo. El soldado se acercó silenciosamente y sin pronunciar una palabra tocó el hombro de Víctor haciéndole señas para que lo siguiera. Tanto yo, como otros prisioneros teníamos la impresion de que los militares no querían decir en voz alta que a Jara se lo llevaban a alguna parte... Cuando el cantante se levantó -seguramente, no pensaba volver sano y salvo. El oficial apodado “El Príncipe” había recibido la visita de unos oficiales de la Armada. y quiere exhibir a Jara. Un oficial de la Fuerza Aérea que está con un cigarrillo le pregunta a Jara si fuma. Con la cabeza, niega. "Ahora vas a fumar", advierte, y le arroja el cigarrillo. "¡Tómalo!", grita. Jara se estira tembloroso para recogerlo. "¡A ver si ahora vas a tocar la guitarra, comunista de mierda!", grita el oficial y pisotea las manos de Jara.



Tras la segunda de esas sesiones, Víctor Jara logró acercarse a personas que habían sido detenidas en la UTE, quienes lo limpiaron y trataron de cambiar su aspecto cubriéndolo con una chaqueta azul y cortándole su pelo negro rizado con un cortaúñas. Los últimos detenidos que lo vieron con vida han dicho que estaba muy golpeado, con la cara hinchada y sus manos fracturadas
Otro de los detenidos, el periodista Sergio Gutiérrez, contó que el artista “tenía numerosos hematomas en los pómulos, se notaba pálido, muy débil. Su mirada estaba perdida”. Apenas pudo reconocerlo, lo saludó y le preguntó cómo estaba, a lo que Víctor Jara le respondió: Mira mis manos… mira mis manos… me las machacaron para que nunca volviera a tocar la guitarra…”.
Gutiérrez recordó que “sus manos, esas milagrosas manos cuyos dedos deleitaban a millares de trabajadores e intelectuales al pulsar las cuerdas de la guitarra para acompañar sus canciones de protesta y esperanza, ya no eran tales. Estaban hinchadas y parecían tener un solo dedo, gordo y recubierto de sangre. Las pocas uñas que le quedaban estaban negras en su totalidad. Eran las manos más golpeadas que había visto en mi vida
Repentinamente, dos soldados lo toman y arrastran, a  Jara Comienza una paliza más brutal que las anteriores, a culatazos. El abogado Navia recordó que “desde lejos vemos cómo uno de ellos comienza a insultar a Víctor, le grita histérico y le da golpes de puño. La tranquili­dad que emana de los ojos de Víctor descompone a sus cancerberos. Los soldados reciben orden de golpearlo y comienzan con furia a descargar las culatas de sus fusiles en el cuerpo de Víctor. Dos veces alcanza a levantarse, herido, ensangrentado. Luego no vuelve a levantarse”. Es la última vez que ven con vida al cantante popular.



Casi tres días estuvimos juntos Víctor y yo en el Estadio de Chile. A nosotros casi no nos daban de comer. Engañábamos el hambre con agua. Víctor tenía la cara llena de moretones y un ojo cerrado por la hinchazón.” Relata Danilo Bartulin    médico particular de Salvador Allende, y también detenido en el Estadio de Chile
“Pronto empezaron a trasladar urgentemente a los prisioneros al Estadio Nacional donde a los militares les era más fácil controlar la situación. En el último grupo formado para ir al Nacional estábamos Víctor y yo. En total éramos unas cincuenta personas. De pronto apareció el comandante Manrique, recorrió la fila y ordenó salir a Víctor Jara,Litre Quiroga, conocido jurista, Director Nacional de Prisiones  y comunista, y a mí. ( Danilo Bartulin )
“Poco después a Víctor y a mí nos separaron de otros prisioneros y nos metieron en un pasillo frío. Estuvieron pegándonos desde las siete de la tarde hasta las tres de la madrugada. Nos encontrábamos tumbados en el suelo sin poder movernos. Estábamos aislados de otros presos políticos. A eso de las tres de la madrugada vino un teniente que me invitó a sentarme. Empezó a preguntarme sobre Allende y me tendió un cigarrillo. Fumé. Mientras tanto, Víctor seguía tendido en el suelo. Le entregué la mitad del cigarrillo, puesto que el teniente no quiso dar [le] otro a Víctor.”


Víctor se mostraba pesimista respecto a su destino. Pensaba que no saldría de allí. Traté de animarlo. Aunque presentía su próxima muerte, seguía siendo el de siempre. Se portaba con valor, con dignidad, no pedía gracia a sus torturadores...”
Abajo’ nos metieron a Víctor y a mí en un mismo baño. En el baño vecino estaba Litre Quiroga. Víctor y yo comprendimos que no teníamos salvación: éramos los últimos prisioneros del Estadio de Chile. Pero inesperadamente se dio la orden de que yo saliera. Víctor y yo nos despedimos en silencio, con una sola mirada.
José Alfonso Paredes Márquez  entonces joven de 18 años, integrante del grupo de militares que fusiló al cantautor, confesó ante el juez Fuentes que se encontraba de centinela un  camarín del subterráneo cuando observó el ingresó de unos quince detenidos. Y entre ellos reconoció a Víctor Jara y también a Litre Quiroga. Ambos fueron lanzados contra la pared. Detrás de los prisioneros, Paredes vio llegar al teniente NelsonHaase y al subteniente apodado “El Principe” (reconocido como Edwin DimterBianchi) . Y fue testigo del minuto preciso en que el mismo subteniente comenzó a jugar a la ruleta rusa con su revólver apoyado en la sien del cantautor. De allí salió el primer tiro mortal que impactó en su cráneo.
El cuerpo de Víctor Jara cayó al suelo de costado. Paredes observó cómo se convulsionaba. Y escuchó al subteniente ordenarle a él y a los otros conscriptos que descargaran ráfagas de fusiles en el cuerpo del artista. La orden se cumplió. Todo lo que ocurrió fue presenciado por Nelson Haase, quien se encontraba sentado detrás del escritorio de interrogación.
 La primer autopsia, de 1973  revela que el cuerpo del cantautor tenía aproximadamente 44 impactos de bala en su cuerpo. La nueva, en 2009, confirma que Jara murió por múltiples impactos.
Los otros 14 detenidos que venían con el cantautor y director teatral fueron acribillados por los propios conscriptos y oficiales presentes. Entre las víctimas cayó asesinado Litre Quiroga


Al anochecer del sábado 15 de septiembre trasladan a los prisioneros del Estadio Chile al mayor recinto del país, el Estadio Nacional. "Al salir al foyer para irnos, vemos un espectáculo dantesco. Hay entre 30 y 40 cadáveres apilados, y dos de ellos están más cercanos. Todos están acribillados y tienen un aspecto fantasmagórico, cubiertos de polvo blanco, porque cerca estaban apilados unos sacos de cal para hacer reparaciones, que cubre sus rostros y seca la sangre. Reconozco a Víctor en primer lugar, y después al abogado y director de Prisiones Littré Quiroga", relata Navia..


Sus cuerpos fueron cargados en un camión. Poco después y al amparo de la noche, todos ellos fueron abandonados en la vía pública., junto al Cementerio Metropolitano, en el acceso sur de Santiago. Una vecina reconoce al cantautor y avisa para que lo recojan. Cuando el cuerpo llega a la morgue, un trabajador de este servicio, reconoce a Jara y avisa a su esposa Joan para que lo sepulte en un nicho  antes de que lo entierren en una fosa común.



Alrededor del mediodía de ese 18 de septiembre, llegaron con el ataúd al Instituto Médico Legal (IML) Su cadáver. Lo cubrieron con un poncho nortino que traían y encima la mortaja.  El ataúd lo ubicaron en una sala que se utilizaba como velatorio.
Nos prendieron unas cuatro velas e hicimos entrar a Joan para que se quedara a solas con él, para que se despidiera de su marido. Estuvo alrededor de una hora “ recordó el ex funcionario del Registro Civil. HéctorHerrera Olguín, Después de guardar silencio durante 35 años.





Por su impacto y la impunidad en que están los culpables, el crimen de Jara es en Chile el equivalente al asesinato de Federico García Lorca en España.



En mayo de 2008, se proceso al teniente coronel en retiro MarioManríquez Bravo como autor intelectual del homicidio calificado de Víctor Jara.



A comienzos de enero de 2012 la Corte Suprema redistribuyó diversas causas de violaciones a los derechos humanos y el caso quedó en manos del ministro de Corte de Apelaciones de Santiago, MiguelVásquez Plaza. El 28 de diciembre pasado, el juez sometió a proceso a los militares en retiro Hugo Sánchez Marmonti y PedroBarrientos Núñez como autores materiales del homicidio calificado. Junto con ellos, encausó a los también ex miembros de Ejército Roberto Souper Onfray, Raúl Jofré González, Edwin Dimter Bianchi, Nelson Hasse Mazzei, Luis Bethke Wulf y Jorge Eduardo Smith Gumucio como cómplices del brutal crimen.
Foto: Antonio Larrea-

Fuentes:





§   

Enlaces: 

40 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO EN CHILE.

2 comentarios:

  1. Allende..

    Para matar al hombre de la paz
    para golpear su frente limpia de pesadillas
    tuvieron que convertirse en pesadilla
    para vencer al hombre de la paz
    tuvieron que congregar todos los odios
    y además los aviones y los tanques
    para batir al hombre de la paz
    tuvieron que bombardearlo hacerlo llama
    porque el hombre de la paz era una fortaleza

    para matar al hombre de la paz
    tuvieron que desatar la guerra turbia
    para vencer al hombre de la paz
    y acallar su voz modesta y taladrante
    tuvieron que empujar el terror hasta el abismo
    y matar más para seguir matando
    para batir al hombre de la paz
    tuvieron que asesinarlo muchas veces
    porque el hombre de la paz era una fortaleza

    para matar al hombre de la paz
    tuvieron que imaginar que era una tropa
    una armada una hueste una brigada
    tuvieron que creer que era otro ejército
    pero el hombre de la paz era tan sólo un pueblo
    y tenía en sus manos un fusil y un mandato
    y eran necesarios más tanques más rencores
    más bombas más aviones más oprobios
    porque el hombre del paz era una fortaleza

    para matar al hombre de la paz
    para golpear su frente limpia de pesadillas
    tuvieron que convertirse en pesadilla
    para vencer al hombre de la paz
    tuvieron que afiliarse para siempre a la muerte
    matar y matar más para seguir matando
    y condenarse a la blindada soledad
    para matar al hombre que era un pueblo
    tuvieron que quedarse sin el pueblo.

    Mario Benedetti..

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  2. Muchas gracias por la aportación. Es precioso.

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