Ara mateix


Cridem qui som i que tothom ho escolti.
I en acabat, que cadascú es vesteixi
com bonament li plagui, i via fora!,
que tot està per fer i tot és possible.


Miquel Martí i Pol

sábado, 2 de noviembre de 2013

The Ballad of the Lonely Masturbator - Anne Sexton


 

The end of the affair is always death.   

She’s my workshop. Slippery eye,   

out of the tribe of myself my breath   

finds you gone. I horrify

those who stand by. I am fed.   

At night, alone, I marry the bed.


Finger to finger, now she’s mine.   

She’s not too far. She’s my encounter.   

I beat her like a bell. I recline

in the bower where you used to mount her.   

You borrowed me on the flowered spread.   

At night, alone, I marry the bed.


Take for instance this night, my love,   

that every single couple puts together   

with a joint overturning, beneath, above,   

the abundant two on sponge and feather,   

kneeling and pushing, head to head.   

At night alone, I marry the bed.


I break out of my body this way,   

an annoying miracle. Could I   

put the dream market on display?   

I am spread out. I crucify.

My little plum is what you said.   

At night, alone, I marry the bed.


Then my black-eyed rival came.

The lady of water, rising on the beach,   

a piano at her fingertips, shame   

on her lips and a flute’s speech.

And I was the knock-kneed broom instead.   

At night, alone, I marry the bed.


She took you the way a woman takes   

a bargain dress off the rack

and I broke the way a stone breaks.

I give back your books and fishing tack.   

Today’s paper says that you are wed.   

At night, alone, I marry the bed.


The boys and girls are one tonight.

They unbutton blouses. They unzip flies.   

They take off shoes. They turn off the light.   

The glimmering creatures are full of lies.

They are eating each other. They are overfed.   

At night, alone, I marry the bed.

Anne Sexton 1928–1974

 
La balada del Masturbador solitario

Al final del asunto siempre es la muerte.
Ella es mi taller. Ojo resbaladizo,
fuera de la tribu de mí misma mi aliento
te echa en falta. Espanto
a los que están presentes. Estoy saciada.
De noche, sola, me caso con la cama.
Dedo a dedo, ahora es mía.
No está tan lejos. Es mi encuentro.
La taño como a una campana. Me detengo
en la glorieta donde solías montarla.
Me hiciste tuya sobre el edredón floreado.
De noche, sola, me caso con la cama.

Toma, por ejemplo, esta noche, amor mío,
en la que cada pareja mezcla
con un revolcón conjunto, debajo, arriba,
el abundante par espuma y pluma,
hincándose y empujando, cabeza contra cabeza.
De noche, sola, me caso con la cama.

De esta forma escapo de mi cuerpo,
un milagro molesto, ¿Podría poner
en exibición el mercado de los sueños?
Me despliego. Crucifico.
Mi pequeña ciruela, la llamabas.
De noche, sola, me caso con la cama.

Entonces llegó mi rival de ojos oscuros.
La dama acuática, irguiéndos en la playa,
en la yema de los dedos un piano, vergüenza
en los labios y una voz de flauta.
Entretanto, yo pasé a ser la escoba usada.
De noche, sola, me caso con la cama.

Ella te agarró como una mujer agarra
un vestido de saldo de un estante
y yo me rompí como se rompen las piedras.
Te devuelvo tus libros y tu caña de pescar.
El periódico de hoy dice que os habéis casado.
De noche, sola, me caso con la cama.

Muchachos y muchachas son uno esta noche.
Se desabotonan blusas. Se bajan cremalleras.
Se quitan zapatos. Apagan la luz.
Las criaturas destellantes están llenas de mentiras.
Se comen mutuamente. Están más que saciadas.
De noche, sola, me caso con la cama.


Anne Sexton 1928–1974

Traducción: Griselda García "
 

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