Ara mateix


Cridem qui som i que tothom ho escolti.
I en acabat, que cadascú es vesteixi
com bonament li plagui, i via fora!,
que tot està per fer i tot és possible.


Miquel Martí i Pol

domingo, 7 de octubre de 2018

Russ Meyer, "pelis industriales con tetas"


Russ Meyer, el "rey del erotismo" o "Rey Leer" (juego de palabras fonético con el nombre del Rey Lear y el adjetivo "lasvico") conocido como el maestro del cine sexploitation,  por clásicos del porno blando como Faster, Pussycat! Kill! Kill! y Vixen, Super Vixens. Famoso por sus protagonistas femeninas,  mujeres de gran exuberancia y vitalidad. Las “chicas Meyer” se caracterizan por los pechos grandes  y, sobre todo, una actitud hipersexual y dominante: son mujeres excesivas, “bigger than life“, siempre más poderosas que los hombres que las rodean.

Las películas de  Meyer  no son sólo un testimonio de la era del softcore, sino que están tan bien filmadas que siguen funcionando hoy en día: Reúne a centenares de fans, y su herencia estética y visual ha dejado huella en la cultura popular y en directores como Quentin Tarantino. El secreto del éxito de Meyer es que se tomaba su trabajo en serio: era un perfeccionista obsesivo en una época y un género (el de la sexploitation) en que lo habitual era la chapuza.

Russell Albion Meyer  nacido en  1922, era hijo de un agente de policía y una enfermera. Es tentadoramente freudiano rastrear la raíz de las obsesiones cinematográficas de Meyer en su infancia y su tormentosa vida familiar: una hermana esquizofrénico-paranoide, una madre exuberante, dominante y controladora a la que Russ amaba con locura pero con la que intentó mantener una cierta distancia.  Su padre fue un policía de origen alemán que abandonó a su familia dos semanas después del nacimiento de Russ, y su padrastro, Howard Haywood, fue un tipo enclenque maltratado verbal y físicamente por su esposa. Podemos hacer paralelismos entre estas dos figuras paternas y los personajes masculinos del cine meyeriano: por un lado policías psicópatas, nazis dementes o moteros asesinos; por el otro maridos impotentes, tímidos, inadecuados en la cama y fácilmente manipulables ante la indiscutible superioridad femenina.

Su madre, Linda Meyer empeñó su anillo de bodas para comprarle a su hijo su primera cámara (una UniveX Cine 8mm). Durante la II Guerra Mundial  se alistó voluntariamente como fotógrafo de combate  para el Servicio de Transmisiones del Ejército destinado a Francia y Alemania,  Meyer descubrió allí un talento innato para la composición de imagen, y una tozudez y perfeccionismo que podría confundirse con valor extremo ante el peligro. Parte de su excelente metraje de combate se utilizó en películas y documentales posteriores, entre ellas la monumental Patton.

 Al terminar la guerra, Meyer trabajó como director de fotografía para Southern Pacific Railroad y, en ocasiones, se encargó de la fotografía fija en algunos platós, incluyendo el de Ellos y ellas y Gigante. También comenzó a fotografiar a modelos para revistas eróticas  como  Playboy.

Trató sin éxito de entrar en Hollywood, y tuvo que conformarse con filmar aburridos vídeos industriales de propaganda que influirían extrañamente en su estilo posterior (por ejemplo, en su manía de incluir extemporáneas voces en off).
Eve Meyer

En los mojigatos sesenta Meyer retrató mujeres que luchan con los hombres para conseguir su propia satisfacción sexual, y que se enfrentan a durísimas y violentas situaciones de las que suelen salir victoriosas. Se podría decir que Meyer era un feminista involuntario, en sus películas y en la vida: soltaba borderías machistas medidas para escandalizar (“jamás he visto una feminista guapa”), pero fue una mujer quien dirigió su distribuidora y coprodujo muchas de sus películas en una época en que la presencia femenina en los despachos de Hollywood era casi inexistente. Eve Turner, no tardaría en convertirse en Eve Meyer: una mujer inteligente, voluptuosa y de fuerte carácter con la que Russ conectó enseguida. Juntos formaron un equipo potentísimo: Eve era una negociadora nata que coprodujo algunas de las mejores películas de Russ bajo el nombre de Eve Productions. Tras su divorcio amistoso continuaron manteniendo una buena amistad hasta 1977, cuando se interpuso en su camino el peor accidente de la historia de la aviación en España: la colisión del Aeropuerto de Los Rodeos, en Tenerife.
Meyer produjo, dirigió, financió, escribió, editó y rodó 23 películas, tentadoras pero provocativas, que fueron pioneras de un género erótico con mucha violencia y chicas de grandes pechos pero poco sexo. Los títulos de las obras clasificadas X que le hicieron ganar millones son muy descriptivos: The immoral Mr. Teas, Erotica, Wild gals of the naked West, Heavenly bodies, Mudhoney, Mondo topless, Common Law cabin, Supervixens y Europe in the raw

En su primera película, “The immoral Mr Teas” se diferenciaba de cualquier film de su época en que era una película erótica que no se avergonzaba de serlo. En aquellos años cualquier inclusión de desnudos en una películita de las llamadas nudie-cuties debía incluir una retorcida justificación argumental y/o una buena ración de moralina. Las advertencias educativas e inspiradoras sobre los peligros del aborto o el alcohol eran excusas necesarias para poder incluir escenas de jóvenes guapas y promiscuas, que acababan recibiendo un duro castigo o redimiéndose con una boda epentina al final del metraje…

En Teas no hay nada de eso: el guión es absurdo (un hombre al que la anestesia de un dentista le permite ver a todas las mujeres desnudas, como El hombre con rayos X en los ojos versión softcore), pero no hay ningún tipo de justificación, reflexión pseudomoralista ni castigo final: el ambiente general es de sano cachondeo lúbrico y desinhibido.

The inmoral Mr Teas costó apenas 24.000 dólares y recaudó más de un millón y medio en pequeños cines, convirtiéndose en la primera nudie-cutie comercialmente viable y haciendo nacer todo un género de películas sesenteras que combinarían comedia y erotismo generalmente ingenuo: Ninguna especialmente notable pero todas a años luz de la sexploitation del momento: Eve and the handyman (con su esposa Eve y su amigo James Ryan), Wild Gals of the Naked West , Europe in the raw.

Tras el asesinato de Kennedy, la guerra de Vietnam y la confusión del nacimiento del movimiento hippie, el gran público estaba furioso o desconcertado, y Meyer predijo con acierto que la época de los ingenuos nudie-cuties había pasado. Era la hora de las roughies: películas eróticas con mucha más violencia, sordidez y oscuridad… Sin olvidar los meyerianos pechos descomunales.

Rodada en apenas dos semanas en 1963, “Lorna” sería la primera de las películas de lo que el crítico Roger Ebert llamaría más adelante “el periodo gótico de Meyer”: cuatro films rodados en blanco y negro que se convertirían en los más importantes de su carrera. Cuando se le preguntaba por qué se había pasado al melodrama en blanco y negro, el bromista y mitómano Meyer respondía cada vez algo diferente: podía ser por inspiración del neorrealismo italiano de Arroz Amargo y minutos más tarde porque no tenía presupuesto para filmar en color.

Lorna es una confusa historia de mujeres insatisfechas, maridos débiles y ex convictos asesinos, que mezclaba violentas escenas de violaciones y desnudos con intensos planos dramáticos absurdamente bergmanianos.. Fue perseguida por la censura en al menos cuatro estados. Eso no preocupó a Meyer, consciente de que cuanto más escándalo provocaba una película, más aumentaba su recaudación.

En 1965 se estrenó Mudhoney, “mi homenaje a Las uvas de la ira”, según Meyer a pesar de  contar con su ración de sexo y violencia,
“Motor Psycho”  es la tercera película “gótica” fue protagonizada por la sensual y autoritaria, Haji que llena la pantalla en, la historia de una banda de moteros violadores hiperviolentos que acabó siendo famosa por ser una de las primeras películas en mostrar a un veterano traumatizado por la guerra de Vietnam.

Tras Motor Psycho, Meyer tuvo una iluminación: cambiar el sexo de los moteros pero no su actitud criminal. De una premisa tan simple nació la mejor película de Meyer y una obra maestra indiscutible: Faster, pussycat! Kill! Kill!

MondoTopless, un falso documental sobre strippers de enormes pechos que carece de argumento reconocible rodada en apenas cinco días una de sus películas más absurdas y maníacas, descrita por McDonough como “una raya de coca cinematográfica”.


Mondo Topless es un buen ejemplo de la influencia que tuvo sobre Meyer filmar documentales industriales en su juventud: la voz en off que preside la película adopta el mismo tono que en las teletiendas o los No-Do. O, en palabras de John Waters: “Russ fue un gran cineasta: sabía filmar y editar películas con un estilo propio. Podías reconocer inmediatamente una película de Russ: filmaba pelis industriales con tetas”.


En 1967 Meyer filmaría dos películas divertidísimas guionizadas por Jack Moran: Common Law Cabin y Good Morning… and Goodbye! La primera es un confuso revoltillo de chicas dominantes y esculturales, maridos humillados y un policía psicópata, colisionando durante unas vacaciones paradisíacas. O ese era el plan, al menos, hasta que por problemas de presupuesto se cambió el escenario inicial (una islita hawaiana) por una infecta cabaña en medio de la nada cerca del río Colorado, en Arizona. El rodaje fue una pesadilla plagada de incidentes: barcos que se estropeaban, electrocuciones, peleas y animales salvajes.

Good Morning… and Goodbye tuvo también a Alaina Capri como protagonista femenina, pero si resulta especialmente memorable es por la aparición de Haji en un papel hecho a su medida: la Catalista, una mujer mística y salvaje rodeada de animales y apenas vestida con hojas y flores, que ayuda al protagonista a recuperar su virilidad perdida.

En Vixen, anunciada con el infame slogan “¿Es una mujer o un animal?“, hay lesbianismo, sexo interracial (bien poco frecuente en aquellos años), incesto entre hermanos. Erica Gavin resulta inolvidable como la hipersexual y salvaje Vixen, un personaje difícil que empieza siendo racista hasta llegar a la concordia de los pueblos a través del sexo.

Vixen costó 68.000 dólares y recaudó más de veintiocho millones: el mayor éxito de la carrera de Meyer. Por desgracia, su popularidad la convirtió en el blanco perfecto para quienes abogaban por la prohibición de la pornografía, y los caminos de Russ Meyer y la censura.



A finales de los sesenta la Fox necesitaba desesperadamente un taquillazo. y se les ocurrió contratar al mismísimo “Rey de los desnudos” para filmar la película, concediéndole un millón de dólares de presupuesto. Cuando recibió el sorprendente encargo de la Fox, un exultante Meyer le encargó a Ebert la escritura del guión.


Russ Meyer y Roger Ebert
Roger Ebert: el crítico de cine más respetado de Estados Unidos, ganador del primer Pulitzer concedido a un trabajo de crítica cinematogràfica. El resultado “Beyond the valley of the dolls”

Sin interferencias del estudio, Meyer y Ebert pudieron hacer todo lo que se les pasara por la cabeza, Meyer reunió un casting de decenas de mujeres pechugonas, impagable homenajeado en el Phantom of the Paradise de De Palma

El resultado, una parodia musical-sexual demente con toques de terror. Dolls se convirtió en pelicula de culto, reestrenada a menudo y mil veces homenajeada, por ejemplo en la saga del Austin Powers de Mike Myers o en el famoso videoclip de The Pipettes.

En Supervixens Meyer quiso volver a sus orígenes y rodar una película exagerada, erótica y tetona, rodeado de sus actrices fetiche (Uschi Digard, Haji), sus últimos descubrimientos (como la hermosa Shari Eubank) y su amigo Charles Napier., un exitazo comercial y una película marciana y casi perfecta a pesar de su guión absurdo

Malcolm McLaren tuvo la idea de juntar, Meyer y Pistols, que preparaba el desembarco de Sid Vicious y compañía en los Estados Unidos y quiso abrirles paso con una especie de A Hard Day’s Night pero en punk. Desgraciadamente, el proyecto fracasó nada más arrancar. Como era previsible, el estilo de rodaje militar de Meyer chocó frontalmente con la anarquía vital de los Pistols, que cuando no se presentaban borrachos simplemente desaparecían o la liaban parda entre bastidores. Tan sólo algunas escenas filmadas que aparecerían años más tarde en The Great Rock and Roll Swindle o el documental The Filth and the Fury.

Beneath the valley of the Ultravixens. es en realidad una carta de amor a Kitten Natividad, quizá la más dulce y adorable de todas las “chicas Meyer” y su pareja durante muchos años. Por lo demás, Ultravixens es también interesante porque aparece por primera y única vez June Mack, una inmensa dominatrix negra.

Después de Ultravixens, Meyer dejó de rodar películas y se dedicó a escribir su autobiografía (A clean breast, un libro-mamut de 1213 páginas) y a irse alejando progresivamente de la realidad y la cordura. No supo (o no quiso) adaptarse a los nuevos tiempos de la pornografía explícita y masiva: el auge del porno devoró el terreno de la insinuación softcore en que Meyer se sentía cómodo

Con los años llegaron los elogios y la admiración, con homenajes al trabajo de Meyer en festivales de todo el mundo, incluyendo el American Cinematheque de Hollywood y el National Film Theater de Londres. Se comentaban sus películas en clases de Yale y Harvard, y eran adquiridas por instituciones tan respetables como el Museo de Arte Moderno de Nueva York.




Fuentes:
https://elpais.com/diario/2004/09/23/agenda/1095890409_850215.html
https://www.jotdown.es/2012/04/russ-meyer-mucho-mas-que-un-par-de-tetas/
https://en.wikipedia.org/wiki/Russ_Meyer
https://www.ranker.com/list/movies-directed-by-russ-meyer/reference
https://en.wikipedia.org/wiki/Eve_Meyer

3 comentarios:

  1. Jo he vist alguna d'aquet director, eran realment "bones":-)

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  2. Bueno, imagino que para llegar hasta hoy, había que pasar por todo ésto en el cine, o cualquier otra manifestación de arte. Meyer, en cierto modo, trata algunos temas, como son las mujeres dominadoras, frente a hombres manipulables y/o sumisos (justificado por su infancia y la relación con la madre), pero eso no le hace un cine feminista -tampoco inconscientemente, como se apunta ahí-, era un cine machista, sexista y casposo, donde la imagen de la mujer estaba altamente cosificada. y no le quito mérito a Meyer por su excelente trabajo como director, cineasta... Perfeccionista. Con mi opinión no quiero restar importancia a este reportaje tan encomiable que has llevado a cabo y al que hemos tenido el gusto de conocer. ¡Muchas gracias!

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  3. Era un cine pensado para los hombres... creo.... pero a la vez mas sensual que el porno que tanto denigra a la mujer!!

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