Un paseo en barca - Lewis Carroll



Un paseo en barca El 4 de julio de 1862 es una fecha clave para la literatura universal, porque ese día el joven inglés Charles L. Dodgson, más conocido por el sobrenombre de Lewis Carroll, profesor de Matemáticas en el Christ Church College de Oxford, dio un paseo en barca por el río Támesis, acompañado de tres niñas, hijas del decano de su facultad: Lorina, de trece años, Alicia de diez y Edith de cuatro. De ese paseo iba a surgir uno de los libros más famosos de la literatura de todos los tiempos: Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas. Pero veamos cómo sucedieron los hechos. El propio autor nos lo cuenta en su Diario; tenía entonces treinta años: Hemos seguido el río hasta Godstow con las tres pequeñas Liddell; hemos tomado el té a orillas del agua y no hemos vuelto a Christ Church hasta las ocho y media... En esa ocasión les he contado una historia fantástica titulada «Las aventuras subterráneas de Alicia», que me he propuesto escribir para ella. No era la primera vez que Charles Dodgson llevaba a las niñas de excursión para pasar la tarde. Solía hacerlo, junto a otros compañeros profesores, como el reverendo Robinson Duckworth, que en aquella ocasión iba con ellos, lo mismo que lo había hecho poco antes en otra similar, en la que les estalló una tormenta y todos se mojaron.

Mucho más tarde, para un artículo en el periódico New York Times, el 4 de abril de 1928, Alicia Liddell recordaría también aquel día: Muchos de los cuentos del Sr. Dodgson nos fueron contados en nuestras excursiones por el río, cerca de Oxford. Me parece que el principio de «Alicia» nos fue relatado en una tarde de verano, en la que el sol era tan ardiente que desembarcamos en unas praderas... para refugiarnos a la sombra de un montículo de paja. Allí, las tres repetimos nuestra vieja petición: «Cuéntenos una historia» y así comenzó su relato. Algunas veces, para hacernos rabiar, el Sr. Dodgson se paraba de repente: «Esto es todo hasta la próxima vez» y «¡Oh! —decíamos nosotras a punto de llorar— todavía no es la hora de irse a la cama» o «Ya es la próxima vez». Y él seguía y «¡Oh! —decíamos nosotras a punto de llorar— todavía no es la hora de irse a la cama» o «Ya es la próxima vez». Y él seguía. El mismo Dodgson escribió un poema como prólogo del libro, donde igualmente cuenta la excursión. Como siempre, el serio profesor improvisó el relato y tanto les gustó a las niñas, especialmente a Alicia, que le pidieron que lo escribiera, y así lo hizo, tras una noche en vela tratando de recordar la disparatada historia que les había contado. No obstante, tardó bastante tiempo en darle forma; por fin, el texto escrito a mano e ilustrado por él mismo, se lo entregó a Alicia como regalo de Navidad en 1864. Hoy ese manuscrito se conserva en la British Library de Londres.



 

Comentarios